Intimidad

Vivimos para atesorar, para guardar, disfrutando de ello o no. Nos creemos obligados a poseer: somos a razón de lo que hemos construido, robado o compartido.

© AmiT PhotoGraphy – Fallen Leaf . . . (Flickr)

Pero tanto recuerdo, tanto beso, lujo, placer o desconsuelo, son humo invisible sin la implicación consciente de uno mismo: perdiendo la conexión con los demás como hoja de árbol homérica que cae a la tierra, todo aquello se reduce a circunstancias, a accidentes ya sin significación cuya amarillez rememorativa se deshace sin la participación de quien la aportó.

Los secretos ganados al vivir, el cuerpo inviolado, el rinconcito aquel que nadie más tuvo, las cartas que significaban mucho más de lo que transportaron escrito, el lugar más apropiado donde guardar las alegrías o las llaves para tenerlas siempre a mano, aparecen ahora ridículos o absurdos, sin sentido porque su identidad se la llevó aquel que se fue.

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