Se alquila, se aniquila: vámonos de fiesta

El espacio que se anuncia en la imagen ya estaba disponible antes de que se colocase tan espantoso letrero. Lo único que ha cambiado desde antes de su instalación es que alguien ha recibido el encargo o la concesión de colocarlo y puede cobrar a un tercero que quiera disponer de ese lugar. Parece de tontos recordarlo, pero antes de que pusieran esos armatostes tan feos y amenazantes (no dudo de que tan pesadas armazones estén bien aseguradas, pero desasosiega un poco que se apoyen sobre el muro de un colegio) ya existía algo -un trozo de atmósfera, al menos; una parte de nuestro paisaje urbano- que estaba a disposición de todos, bien que para poca utilidad según entendemos los humanos ese concepto y seguro que a beneficio nulo.

Pero en esta vorágine estamos metidos: como en el pueblo tenemos tanta crisis, como hay tanto desempleo y nos tenemos que amparar a la Virgen de la Temporalidad (que nos guarde de levanteras eternas y asusta-veraneantes) pues a alquilar o a vender se ha dicho -¡qué más da que sea un trozo de aire por encima del muro del colegio de Guzmán, el suelo del Cerro de Santa Catalina, la singularidad de Valdevaqueros o el cuartucho donde guardamos los trastos para que se queden a dormir unos cuantos guiris a precio de Ritz!-, a plantar neones que continúen el afán destructor de zonas verdes de los últimos consistorios, a remozar el aspecto ajado del pueblo con una manita de hormigón y un retoque de señales viales.

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