Tarifa, donde el absurdo se hace récord

Iba a escribir algo sobre los héroes y lo innecesarios que son en la actualidad porque lo más simple, lógico y justo es hacer las cosas tal y como se debe, no como les interesa a unos pocos, y me ha llegado la noticia de que, con ocasión de la novena prueba del campeonato mundial de “kitesurf” que se celebrará en unos días en Los Lances, se va a intentar batir el récord de practicantes de este deporte navegando al mismo tiempo.

¡Ya está! Ya tenemos la mejor excusa para acallar las conciencias de los ecologistas ante el daño que dicho campeonato va a causar en un paraje natural tan querido por todos: ¡Tarifa va a salir en el Libro Guinness de los Récords edición 2015! Era con lo que llevábamos soñando toda la vida, sin duda, porque no existe todavía ordenador cuántico que pueda contabilizar los beneficios (dinero y, gracias a él, los puestos de trabajo y plazas hospitalarias y educativas que se van a crear) que tal hazaña nos va a reportar. Además, si alguien dudaba de que el simple hecho de que este campeonato se celebre en Los Lances iba a ser fatal para la avifauna del lugar, de -repitamos- un Paraje Natural según la Junta de Andalucía a través de la Ley 2/1989 de 18 de julio, ahora invitamos a un ejército de “kiters” armados con neoprenos, tablas, cometas y sus respectivos vehículos todoterrenos a que rematen todo lo que quede con síntomas de vida. Espero, también, que ya hayan empezado las obras del Centro Espacial cerca de El Pozuelo (o al menos del helipuerto) para que Richard Branson llegue a nuestras tierras tal y como a él le gusta y como se merece.

Que los gestores públicos y privados de Tarifa se congratulen por esta noticia no choca a nadie, habida cuenta de que siempre esgrimen la creación de dos o tres (o quinientos, ¡qué más da!) supuestos puestos de trabajo temporales y estacionales y mal pagados como contrapartida a destrozar cualquier sitio, protegido legalmente o no, a base de hormigoneras. Que “celebridades” como el señor Branson se apunten a este teatrillo tampoco, pues su existencia ha basculado entre crear multinacionales y conseguir récords (tiene o tuvo -no sé si ha perdido alguno- o ha intentado unos siete récords: imaginemos la satisfacción personal que así se debe conseguir). Que Gisela Pulido (TM, ©) avale con su presencia y nombre todo este asunto no es de extrañar, desde que parece estar transformándose de deportista en marca comercial, pues sabiamente sigue la moda de cualquier otro compañero “de élite” de pensar en su futuro y vender su imagen para anunciar aquello que sepa recompensarle bien. Que parezca que a la mayoría de la ciudadanía de Tarifa este asunto ni fu ni fa, tampoco sorprende, cuando nos hemos mostrado tan sumisos ante todo lo que nos lleva pasando desde hace años (¿décadas quizá?).

Lo que sigo sin explicarme es que aquellos que practican este deporte en Tarifa no se rebelen y que se unan alegremente a esta fiesta de mar, salitre y extinción de especies naturales, pues si, tras el campeonato, Richard Branson no va a volver jamás a Tarifa, si los carteles con el nombre de Gisela Pulido va a ser lo único que permanezca en nuestro pueblo mientras ella continúa su carrera por el ancho mundo, ¿qué van a hacer los “kiters” anónimos y no millonarios para navegar? Tendrán que volver a Los Lances: ¿les gustará entonces ver cómo su deporte favorito, un deporte ecológico y respetuoso con el medio ambiente (porque, además, necesita de un medio ambiente como el que hasta ahora tenemos), se va cargando la costa de Tarifa, la costa virgen (¿algo puede ser pseudo-virgen?) donde aprendieron a navegar y disfrutaron tanto haciéndolo? ¿No les será doloroso llegar a la playa, montar el material y comprobar que aquello ha perdido toda su belleza y magia en gran parte por culpa de un campeonato de “kitesurf”? ¿O será que siempre me lío y confundo comerciantes con empresarios (o, según neologismo capitalista neoliberal, emprendedores), ciudadanos con consumidores, deportistas con “fashion-victims”? A la vista está que también -los hechos actuales cantan- en el pasado se confundieron aquellos que, por trabajo o por respeto a la ley y a la naturaleza, lograron que el paraje esté tal y como lo conocemos: si hubiesen sido más avispados, ahora podrían estar tranquilamente batiendo récords por el mundo o escribiendo tras su nombre el símbolo del “copyright” que hace aumentar la cuenta corriente, a costa de que Los Lances estuviese rivalizando en rascacielos con Benidorm.

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