Pegajoso y dúctil

Étienne-Jules Marey - Chute du chat (expo-marey.com)

El tiempo chicloso es lo único que, aún con reservas, se puede decir que poseemos de verdad (o que nos posee a cada uno de verdad, lo que para el caso es lo mismo: estamos tan asociados a él como a nuestras ideas o a la piel). Se puede estar penando eterna y forzosamente, pero cabe la posibilidad de aplazar el tiempo de pesar o de aligerarlo mientras ocurre. Hay quien es capaz de suspenderlo y acogerse a una pausa para que aquello no le afecte, y conozco a quien sabe condensar esos malos momentos hasta casi hacerlos desaparecer.

Eadweard Muybridge - Woman walking downstairs (Wikimedia)

El tiempo es tan maleable que lo que ayer ocurría en quince minutos de reloj se puede demorar hoy, para su mejor saboreo, todo el rato que sea necesario, repitiéndolo, rebobinándolo, ralentizándolo, y en el recuerdo esa escena, ese momento, se reviste con la importancia de un tiempo sin fin, con el término que se nos antoje concederle, en el espacio infinito de cada una de nuestras existencias.

Es la sensación del tiempo la que no nos debe confundir, porque su paso sólo se puede calibrar en el presente pero con referencia en el ayer, y es su repetición a fuerza de venir e irse con hábitos que le concedemos y que esperamos sin ansiedad pero con previsión, por lo que nos figuramos que cada período o porción de él -semanas o años o décadas- cada vez se nos gasta con más celeridad.

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