J. M. Coetzee: “Juventud” (Random House Mondadori, 2009)

“Está demostrando algo: que todo hombre es una isla. Que uno no necesita padres.” (p. 11).

“[…] ¿quién dice que los pensamientos que escribe en su diario son sus sentimientos verdaderos? ¿Quién dice que mientras mueve el bolígrafo está siendo en todo momento él mismo de verdad? Puede que en un momento sea él y en otro simplemente esté inventando. ¿Cómo puede estar seguro? ¿Por qué tendría que querer estarlo?” (p. 19).

“Entre la multitud pasaría por londinense, y hasta puede que, a su debido tiempo, por inglés.” (p. 67).

“Puede que tenga su propia visión de Londres, pero esa visión no tiene nada único. Si posee cierta intensidad, es solo porque es estrecha, y es estrecha porque no conoce nada fuera de sí misma. No ha dominado Londres. Si alguien domina a alguien, es Londres quien le domina a él.” (p. 81).

“¿[…] se manifestará en él su padre? (p. 152).

The National Archives UK - Swinging London (Flickr)

“Ha venido a Londres para hacer lo que en Sudáfrica es imposible: explorar las profundidades. Sin descender a las profundidades no se puede ser artista. Pero ¿qué son exactamente las profundidades? Había creído que recorrer calles heladas con el corazón aturdido por la tristeza. Pero quizá las profundidades de verdad son otras y se presentan con formas inesperadas: como un arranque de maldad contra una chica a primera hora de la madrugada, por ejemplo. Quizá las profundidades en las que quería zambullirse han estado dentro de él todo el tiempo, encerradas en su pecho: profundidades de frialdad, crueldad, bellaquería. ¿Dar rienda suelta a sus inclinaciones, a sus vicios, y después torturarse como hace ahora le ayuda a ser artista? No ve cómo.” (pp. 161-2).

“Acabamos pareciéndonos a nuestro yo ideal, dice Baudelaire. Poco a poco la cara que deseamos, la cara de nuestros sueños secretos, arrolla la cara con la que nacemos. ¿Es la cara del espejo la cara de sus sueños, esta cara larga y lúgubre con una boca flácida y vulnerable y unos ojos que ahora se parapetan tras unos cristales?” (pp. 188-9).

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