J. M. Coetzee: “Infancia” (Random House Mondadori, 2010)

“El recuerdo de su madre montada en bicicleta no le abandona. Ella se aleja pedaleando por Poplar Avenue, escapando de él, escapando hacia su propio deseo. Él no quiere que se vaya. No quiere que ella tenga deseos. Quiere que se quede siempre en la casa, esperándolo. Ya no se alía con el padre contra ella: todo lo que desea es aliarse con ella contra el padre. Pero, en este asunto, su lugar está entre los hombres.” (p. 10-11).

Mariusz Kubik - J.M. Coetzee with his audience (Wikimedia)

“Le perturba el amor ciego, abrumador, por el que lo sacrifica todo, de su madre tanto por su hermano como por él, pero sobre todo por él. Querría que no lo quisiera tanto. Ella lo ama de forma absoluta, y por tanto él debe amarla con la misma entrega: esa es la lógica que ella le impone. Nunca podrá devolverle todo el amor que derrama sobre él. La idea de una vida lastrada por una deuda de amor lo frustra y lo enfurece hasta el punto de que decide no besarla más, hasta rehúsa que ella lo toque. Cuando la madre se da la vuelta en silencio, herida, él endurece su corazón deliberadamente contra ella, negándose a ceder.” (p. 58).

“[…] sino el tren ordinario de pasajeros, el que para en todas las estaciones, incluso en las más recónditas, y que algunas veces tienen que detenerse en las vías muertas y esperar a que los expresos más famosos hayan pasado como un rayo. A él le encanta este tren lento, le encanta dormirse abrigadito bajo las sábanas blancas y crujientes y las mantas azul marino que trae el mozo, le encanta despertarse por la noche en alguna estación silenciosa en mitad de ninguna parte, escuchando el silbido de la máquina cuando el tren está parado, el sonido metálico del martillo del capataz comprobando las ruedas.” (p. 103).

“Lo saben todo, hasta los más pequeños detalles, y sin embargo se resignan. Han calculado el precio y están dispuestas a pagarlo: el precio de estar en la tierra, el precio de estar vivas.” (p. 120).

Tribute to the Legendry Victor Toweel (Facebook)

“Los jueces anuncian su decisión: el sudafricano Viccie Toweel es el nuevo campeón del mundo. Él y su padre gritan de júbilo y se abrazan. No sabe cómo expresar su dicha. Impulsivamente agarra el pelo de su padre, tira con todas sus fuerzas. Su padre se echa hacia atrás y lo mira extrañado. […] En sus manos conserva el tacto del pelo de su padre, grueso, vigoroso. La violencia de su acto todavía lo asombra y lo inquieta. Nunca antes se había tomado tantas libertades con el cuerpo de su padre. Preferiría que no volviera a ocurrir.” (pp. 128-9).

“Puede imaginarse su propia muerte pero no puede imaginar su propia desaparición. Por más que lo intente, no puede aniquilar el último residuo de sí mismo.” (p. 131).

“[…] del que hay muchos más ejemplares en el mundo de los que el mundo quiere.” (p. 140).

“Su madre está de pie junto al fregadero, en la parte más lóbrega de la cocina. Está de espaldas a él, con los brazos salpicados de espuma, fregando una olla, sin apurarse.” (p. 186).

1 Comment

  1. Pingback: Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s