De la poesía que cae y nadie oye

¿Qué refleja un espejo al que nadie mira? ¿La belleza que creo descubrir nace en ese momento gracias a mis sensaciones o me estaba esperando?

Soy múltiples Prometeos: depende de con quien me relacione aparece uno u otro, o varios, porque por mucha fe que pusiera en ello nunca soy uno solo ya que cuando lo estoy físicamente dialogo conmigo mismo: uno de mis yos, y no siempre el mismo, actúa de entrevistador con el que en ese momento haya ocupado mi cuerpo -o con varios- en un debate de tertulianos ganapanes y estómagos agradecidos.

Javier Antón - Náufrago orante

De todos modos la poesía sigue ahí fuera -y aquí dentro- explotando y desmoronándose sobre nuestras cabezas, esperando que le sea propicio el yo que nos vaya conduciendo en el momento de fecundarnos: puede no ser sentida, como si no hubiera quien la oyera caer cuando se abate crepitando, ni quien siguiera su curso río abajo hasta quedar encallada poco antes de besar la mar.

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