Paul Auster: “El Palacio de la Luna” (Anagrama, 2009)

 

IISG - Little guests in the Moon Palace (Flickr)

“La oscuridad de esos nombres solos debería hacerlos inmortales.” (p. 24).

“-Eres un soñador, muchacho -me dijo-. Tienes la cabeza en la luna y me parece a mí que nunca vas a tenerla en otro sitio. No eres ambicioso, el dinero te importa un pepino, y eres demasiado filósofo para tener ningún talento artístico. ¿Qué voy a hacer contigo? Necesitas a alguien que te cuide, alguien que se asegure de que tengas comida en el estómago y un poco de dinero en el bolsillo. Una vez que yo me vaya, estarás donde estabas al principio.” (p. 222).

“-Reconozco que se hace raro, pero creo que puede ser adecuado para mí. Después de todo, las bibliotecas no están en el mundo. Son sitios aparte, santuarios del pensamiento puro. De ese modo, podré seguir viviendo en la luna el resto de mi vida.” (p.223).

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