Prometeida

 

Ἦ τοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ᾽ –  En verdad al principio fue Caos

Hesíodo – Teogonía

Gustave Moreau - Hésiode et la Muse (Museé d'Orsay - Wikimedia)

Unos dos mil setecientos años después no ha sido la mitología, la religión o la filosofía, sino la ciencia, la física de la mano de Stephen Hawking, la que coincide con las palabras del poeta de la antigua Grecia, pues postula a la nada como la creadora del universo -gracias al azar y sin necesidad de intervención divina- acaso después de una fortuitamente fructífera auto-felación probablemente fruto del aburrimiento.

Pueden pensar que trastabillo zancadilleándome yo mismo, pues no deja de ser cierto que la Teogonía de Hesíodo no es más que eso, el “origen de los dioses”, sin embargo Caos y la secuencia de los primeros seres que propone el poeta más que divinidades son formas de explicación de la naturaleza, del mundo, tal y como las traiciones y los deseos de los divinos olímpicos, aunque a imagen humana, son medios para significar la realidad o para justificarla: con la frontera del desarrollo de las ciencias hasta la física cuántica, la cosmogonía en Hesíodo no es sino una explicación mítica del Big Bang. Por eso las musas a las que el poeta reclama inspiración y destreza para infundir deleite en sus oyentes, son hijas de Mnemosine -la memoria, falsa o verdadera pero memoria- de quien reciben el poder de transmitir el don de la autoridad y de la profecía a todo aquel a quien cobijan bajo su susurro, del mismo modo que la ciencia es producto de la reflexión, el estudio y el azar.

Pero este canto épico no sólo se reduce a una explicación del origen del universo y de las divinidades, sino que indefectiblemente conduce al nacimiento y desarrollo del género humano para quien, sin duda alguna, ha acontecido todo lo anterior y cuyo efecto, entre otros infinitos, será la aparición de Hesíodo el hombre que, infundido por la sabiduría y aliento de la parte de la divinidad que sólo subyace en el ser humano (memoria, poesía, trascendencia, entretenimiento), devendrá en Hesíodo el poeta cantando el origen de todo y de sí mismo.

Y rimando con la genealogía de Caos, Urano y Cronos, nos conducirá a Prometeo, a aquel que ejerce de fiel entre dioses y hombres, acercando sus posturas pues están obligados a convivir, creando las primeras formas de relación y, en el ínterin, conspirando a costa de y contra ambos para recuperar lo perdido de forma diferente a sus antepasados: no por la violencia y el fratricidio, sino a través de la astucia y el engaño, de la inteligencia. Es el primer predicador de la maña frente a la fuerza.

Prometeo no ejerce de demiurgo a causa del destronamiento de sus antepasados y no quiere ser hombre por el desprecio que siente hacia seres tan débiles y pusilánimes; para estos es héroe y para los dioses que derrotaron a los titanes uno de varios rebeldes a quien aplastar, pero cuya furia por callada y oculta será germen que sobre las cabezas de los humanos pausadamente olvidará y desalojará a los olímpicos de su puesto, resultando estos seres débiles que no sabían sacrificar ni utilizar el fuego quienes logren llevar a término la venganza del titán sobre los dioses.

Prometeo es torturado, pero también glosado, cantado, recordado, caracterizado y artísticamente eternizado. Este Acomplejado inicia ahora una serie de interpretaciones sobre la naturaleza prometeica que debe ser aspiración humana y para ello me voy a valer de la historia y del arte, así como de las pistas que me ofrece una bitácora a la que llamo hermana, Espejos de Prometeo.

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