Eduardo Mendoza: “Tres vidas de santos” (Seix-Barral, 2009)

New York Public Library - The Saint and the Singer (Cinema 1914) (Flickr)

“Mi padre no estaba enemistado con el mundo, sino todo lo contrario. Por esta razón y sin proponérselo, me inculcó la predisposición a considerar que nada se debe por mis méritos innatos, sino sólo por el resultado de mis actos, a agradecer lo que me dan y a no dar la menor importancia a lo que le dan a otro en lugar de dármelo a mí. Con esta filosofía no he sido feliz, pero he vivido mejor que la mayoría de la gente que conozco, y me he ahorrado mucho resquemor y muchos berrinches. Pero no es de mí de quien quería hablar.” (p. 49-50).

“…pero cuando aquella tarde entró mi padre en casa y se encontró con el señor obispo, lanzó una carcajada y se curó de golpe de la depresión.” (p. 56).

“…en aquella época, tan represiva en muchos sentidos, los niños todavía no se habían convertido en objeto de análisis y en receptáculo de las proyecciones de los adultos, que se limitaban a fiscalizar la marcha de sus estudios y la estricta rectitud de su comportamiento, dejando el resto de su formación a los curas, a los amigos, a las putas o a quien se la quisiera dar.” (p. 64).

“Mi madre dio su conformidad con una rapidez y una gratitud que yo, que no sabía lo que estaba sucediendo en Barcelona, experimenté como una muestra de desapego materno y un motivo para ahondar la irremediable soledad en que me encontraba.” (p. 65).

The National Archives UK - Smiting the Dragon of Sin (Flickr)
“le dijo que cuando él se encontraba en una situación apurada, necesitado de ayuda material y de apoyo moral, el arzobispado le había vuelto la espalda como si fuera un perro (la expresión exacta, según mi padre, había sido «un perro indio», si bien mi padre tenía tendencia a embellecer las historias que contaba)” (p. 68).

“Lo que me asustó realmente fue el recuerdo de la euforia experimentada bajo el influjo de la bebida, la evidencia de que aquella era una posible solución a todas mis inquietudes, y la certeza de que, si seguía avanzando por aquel camino, acabaría como mi padre. Esta perspectiva abrió un camino ante mis ojos y por primera vez comprendí hasta qué punto bajo una capa de afecto y compasión, depreciaba a mi padre. Decidí no ser nunca como él.” (p. 72).

“Es así: el alcohol convoca a los fantasmas; en cambio la droga trae el perdón.” (p. 91).

“La música era su única pasión, le gustaba por encima de todas las manifestaciones del espíritu, seguramente por su naturaleza incorpórea y efímera, destinada a extinguirse en el acto mismo de su existencia, a convertirse de inmediato en recuerdo inestable y falaz.” (p. 118).

2 Comments

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  2. Leídas las reseñas periodísticas con lo del Planeta y ahora los fragmentos tan buenos que has seleccionado, me interesa mucho conocer lo que escribe este señor. El primero es estupendo, el segundo me dio risa… Lo que se ha dicho de Riña de gatos me ha entusiasmado bastante. Y nada, esperar que llegue, aunque voy a ver si aquí tienen Tres vidas de santos.

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