Público exigente

Hace unos días vi en televisión, por fin, la película Misery, la de la desequilibrada admiradora de un escritor de best sellers al que ayuda y recoge en su casa tras encontrarlo accidentado,  pero al que no duda en secuestrar, cuando sabe que él quiere acabar con la saga con la que tanto disfruta, para obligarle a escribir la novela que a ella le gustaría leer y no la que él tiene a punto de mandar a sus editores donde mata a su protagonista, Misery. Escalofriante Kathy Bates:

Hoy me entero por los medios digitales de que los seguidores de la serie televisiva Perdidos van a poder disfrutar de un episodio extra de pocos minutos que, a modo de epílogo, tal vez aclare algunos de los cabos que quedaron sueltos tras acabar la serie. Leyendo la noticia no cabe duda del carácter extremadamente comercial de la novedad, porque parece ser que este epílogo va incluido con el resto de episodios en un paquete que se va a poner a la venta próximamente, por lo que es necesario pasar por caja para disfrutarla. Parece que los guionistas de esta serie perdieron las riendas de la trama con tanto enigma que proponían para enganchar a los espectadores y que más tarde no supieron (o no quisieron) aclarar. Así, una gran parte de los seguidores se sintieron defraudados con los capítulos finales, pues no ofrecían aquellas grandes respuestas que esperaban.

Al hilo de esta relación tan especial entre creador y admirador de la obra del primero, recuerdo esas palabras un tanto amargas de Javier Marías quejándose, por un lado, del poco aprecio que el público da a una obra al consumirla sin saber apreciarla de verdad (ni su calidad intrínseca por culpa de la velocidad a la que acostumbramos a consumir y tirar, ni el empeño de su autor pues cada vez se le da menos valor al acto creativo y al esfuerzo que conlleva), y por otro de la exigencia de ese público que constantemente pide a los autores nuevas obras que devorar, a causa seguramente de lo minusvalorados que están en esta época donde hay que consumir para tirar y poder de nuevo empezar a consumir: ¿cuánto debe durar un coche, o un equipo informático?, ¿quién, a estas alturas, desecha la ropa por estar muy usada?

El mercado, en definitiva, nos ha hecho creer que sabemos mucho de todo y por eso somos buenos consumidores, cuando simplemente lo somos porque consumimos mucho, sin saber muy bien qué nos llevamos a la boca, a las manos, oídos o vista, pero creyéndonos unos sibaritas y siendo realmente -y como en toda la historia de la humanidad, pero desde otro punto de vista- unos tristes peones a los que se obliga a seguir un único camino que termina en el sacrificio que sólo sirve a unos pocos.

P.D.: Como ustedes sabrán, internet es un lugar donde se pueden conseguir muchas cosas (o que nos hace creernos muy listos al conseguirlas). A través de esta bitácora he tenido noticia de este enlace donde se puede ver el citado epílogo de Lost.

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  1. Pingback: Bitacoras.com

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