“Los reloges son muy cheveres me gustan”

Copio y pego del Cuaderno de José Saramago:

El silencio es, por definición, lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan.

Hace más de un mes que no se actualiza esta bitácora y no es por falta de ideas ni de tiempo: tal vez sea por cansancio, por el que siento y por el que me provoca el simple hecho de pensar en sumergirme dentro de la vorágine que reclama esto, y todo para recoger tan pocos frutos; (que conste que no considero frutos el recibir muchas visitas).

Hoy, pese al calor y al sopor de haberme levantado temprano y de soportar una levantera, actualizo, cambiando por fin la cabecera -que ya le tocaba a la alegoría del verano- y homenajeando al último comentario recibido.

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