De “La noche de los tiempos” de Muñoz Molina

Nationaal Archief - Vader en kind met kerstboom (Flickr)

“…a la luz de la lámpara de petróleo que parecía arder siempre al fondo del tiempo.” (p. 278).

“Saber que una novela sucede en otras dimensiones del espacio y del tiempo no priva a nadie del deleite de sumergirse en ella.” (p. 295).

“Como en los materiales de construcción, en la memoria habrá grados o índices de resistencia que debería ser posible calcular. Cuánto tiempo se tarda en olvidar una voz; en no poder invocarla a voluntad, su metal único y misterioso, su entonación al decir ciertas palabras, al murmurar en el oído o al llamar desde lejos, a la vez íntima y remota en el auricular de un teléfono, diciéndolo todo al pronunciar un nombre, una dulce palabra obscena que nunca hasta entonces se ha atrevido a decir a nadie.” (p. 307).

“La voz se pierde antes que la cara, sin el auxilio mnemotécnico de la fotografía. La foto es ausencia, la voz es presencia. La foto es el dolor del pasado; el punto fijo que se va quedando atrás en el tiempo: la cara inmóvil, en apariencia invariable, y sin embargo cada vez más lejana, más infiel, el simulacro de una sombra desvaneciéndose casi tan rápido en el papel fotográfico como en la memoria.” (p. 308).

State Library of New South Wales collection - Mr J Prentice and Miss J Howat by Ted Hood (Flickr)

“Qué raro no ser capaz de verse a uno mismo desde fuera, desde las miradas de los otros, los que están más cerca y sospechan aunque hubieran preferido no enterarse, descubren sin comprender.” (p. 310).

“Las personas decentes no se esconden detrás de una masa uniformada.” (p. 367).

“Yo no hago profesiones de fe, y creo que usted tampoco. Entre peregrinar a Moscú y peregrinar a La Meca o al Vaticano o a Lourdes yo no veo grandes diferencias. Al creyente de una religión lo que más le fastidia no es el creyente de otra, ni siquiera el ateo, sino alguien peor, el escéptico, el tibio.” (p. 446).

Joseeivissa - El observador - Es Figueral - Ibiza 2009 Eivissa (Flickr)

“…una forma de malestar que cobraría en el recuerdo el valor dudoso de una premonición.” (p. 487).

“Qué días tan lejanos, principios de octubre, envueltos ahora en gran parte en esa bruma de imprecisión con la que se recuerdan fronteras en el tiempo, cuando se está al filo de algo y aún no se sabe, en el primer paso más allá de un umbral que no se ha advertido mientras se cruzaba.” (p. 528).

“…tan limpia de memoria que todas las cosas brillaban en ella con colores excesivos.” (p. 529).

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