Vargas Llosa el Lúcido

Gustavo Doré - "Al salir de Barcelona, volvió Don Quijote a mirar el sitio donde había caído y dijo: «¡Aquí fue Troya!» (Tomada de h-net.org)

En el último Hay Festival celebrado este año en Cartagena de Indias, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince conversó con Mario Vargas Llosa sobre el mundo literario y vital del escritor peruano. Tuve noticia del acontecimiento a través de la crónica de Javier Rodríguez Marcos en El País, donde resume el diálogo de ambos escritores. Ahora quiero simplemente subrayar lo que me ha parecido más interesante:

“Yo llegué a la conclusión de que si uno no tenía talento podía provocárselo a base de trabajo.”

“Cuanta más gente decente haya en la política más se adecentará ésta.”

“En materia estética podemos ser intransigentes porque la imperfección es intolerable, pero en política eso es imposible. Hay que optar por el consenso y hacer concesiones, eso es la democracia, el menos malo de los sistemas. Los únicos que creen que la perfección es posible en política son los fanáticos.”

“Hay que acabar con los caudillos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia. Un escritor sabe lo importante que es la forma. Si se rompen las formas de la democracia lo que sufre es su contenido.”

“Pero no puedo apoyar a alguien idéntico a mí porque no lo encontraría. La única manera de que no te caricaturicen es callarse y convertirse en un mirlo blanco. Prefiero que me ataquen y aportar mi grano de arena. Optar por una posición es optar por el riesgo. Por eso no entiendo a los intelectuales que prefieren los eslóganes a las ideas.”

Vargas Llosa tiene el prestigio del gran escritor que es, pero desde un tiempo a esta parte es su faceta de opinante la que más me atrae. Recuerdo, sin embargo, haber sentido rechazo hacia su punto de vista con respecto al movimiento zapatista que surgió en México y que, como toda subversión hacia el poder establecido desde una posición débil, atrajo tanta admiración de índole romántica. ¿Qué pasó con este movimiento? ¿Qué se consiguió pasados los primeros furores revolucionarios?

Porque es así: los extremismos y los fanatismos sólo conducen a la negación del opuesto, como si mis opiniones y sentires fueran los únicos válidos y los del otro no merecieran la pena ni de ser escuchados y valorados y, simplemente, como en cualquier mínima convivencia, hay que ceder terreno y llegar a un acuerdo por todas las partes porque la convivencia es cuestión de varios, de todos, y no sólo de unos pocos que deciden mirándose el ombligo.

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