Juan José Millás: “El mundo” (Editorial Planeta, 2009)

State Library of New South Wales collection - A radiant turret lit by the midsummer midnight sun (Flickr)

“En el principio fue el frío. El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida, porque el frío de la infancia no se va nunca. Si acaso, se enquista en los penetrales del cuerpo, desde donde se expande por todo el organismo cuando le son favorables las condiciones exteriores.” (p.12).

“A veces me masturbaba, no tanto por placer como por la curiosidad de que de un cuerpo yerto saliera un jugo caliente.” (p. 14).

“Era un mundo hecho a la mitad: teníamos la mitad del calor que necesitábamos, la mitad de la ropa que necesitábamos, la mitad de la comida y del afecto que necesitábamos para gozar de un desarrollo normal, si hay desarrollos normales. De algunas cosas, sólo teníamos la cuarta parte, o menos.” (p, 15).

“A veces, Dios tardaba horas o días en responder (en el caso de que el silencio no fuera una respuesta), pero cuando hablaba decía, por increíble que parezca, cosas de una pertinencia demoledora, de una eficacia atroz. Así, a la pregunta del porqué de la muerte respondió que para él la muerte no era más que «un desplazamiento dentro de la vida». Dios nunca la había imaginado de otro modo y no entendía por qué nosotros, los usuarios de la muerte, nos la habíamos tomado como una agresión personal.” (p. 93).

“(…) vi las tardes muertas de mi adolescencia, las tardes muertas, nunca se ha dicho eso de las mañanas, ni de las noches, pues sólo la tarde, de entre todos los momentos del día es mortal: al caer la tarde, se dice, al morir el día, que es la muerte también de la tarde. Las tardes muertas, con la perspectiva que da el tiempo, resultaron ser las más vivas de mi existencia. Ellas, para bien o para mal, me hicieron; de aquellas tardes por las que deambulé ocioso, como un fantasma, nací.” (pp. 94-5).

blogpocket - Juan José Millás (Flickr)

“A veces, en las novelas se filtran argumentos de realidad que dejan manchas de humedad, como una gotera en la pared de una habitación.” (p. 136).

“¿Cómo era posible que, habiendo sólo letras, yo viera solamente imágenes?” (p. 182).

“Los fines de semana eran espantosos, pues cuanto más larga era la tregua, mayor era el miedo a la recaída.” (p. 198).

“Escribir bien presupone escribir al dictado de aquella parte de ti que permanece dentro del delirio cuando la otra sale de él para comunicarse con los demás o para ganarse la vida.” (pp, 224-5).

«Qué raro», dijo, «me resulta escucharles a ustedes lo que dicen sobre mí». (p. 233).

3 Comments

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  2. Coincido contigo, es un placer leer a Juanjo Millás, por aquello de lo que se escribe siempre perdura y se puede copiar y pegar, como haces tú.
    Pero si realmente quieres conocerlo tan sólo un poquito, además de leer sus libros que muchas veces son vivencias personales, escúchalo todos los viernes en el programa “La ventana” de la Cadena Ser. Allí encontrarás a un escritor muy humano, agradable, cercano y con un exquisito sentido del humor. Rompe con los esquemas que tenemos de esos autores extravagantes, lejanos, inalcanzables, engreídos y petulantes. En definitiva, da una lección de humildad a aquellos que empiezan a escribir sus primeras obras y se creen dioses y que han tocado el cielo con las manos.

    Saludos.

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