Un hermano en Japón

Una noche de otoño del siglo pasado un amigo me presentó en un pub a un guiri. Esa noche conecté bien con el yanqui rubio aquél e intercambiamos señas y contactos. A los pocos días él cruzaría hacia Marruecos y yo volvería a Sevilla donde realizaba mi prestación sustitutoria como objetor de conciencia del servicio militar a la patria (¡tela!: tecnicismos aparte, estaba pasando un tiempo en un asilo en Sevilla haciendo que cuidaba a los abueletes cuando probablemente ellos eran quienes miraban por mí y quienes me dieron lecciones que ningún libro o vivencia propia me podrán aportar nunca), por lo que imaginé que aquello sería una simple noche de diálogo agradable y que no volvería a ver más a ese tal Randy tan simpático y que no carecía de atractivo.

Hiromi Muth - Dos pasean

Pero Randy regresó de Marruecos a España y quiso pasar por Sevilla y contactó conmigo. Durante unas breves horas de unos pocos días nos seguimos viendo allí: quedábamos cuando mis tareas en el asilo me lo permitían y paseábamos, tomábamos cañas y charlábamos mucho, demasiado, expresando la utopía en la que no sólo se cree sino que también se vive cuando ya no se es tan joven para cuentos de hadas ni tan mayor para estar sosegadamente aburguesado y comprometido económica o sentimentalmente.

Durante esta década y pico nos hemos visto irregularmente y no con toda la frecuencia que nos hubiera gustado, y siempre a iniciativa suya pues incluso se ha esforzado por venir a España pese a sus compromisos, a su existencia ya planificada y recorrida lejos de aquí.

No compartiremos muchos genes, pero nos consideramos hermanos, y gracias a esa falta de lazos de sangre de verdad ninguno podría indicar quién cumple el papel de hermano mayor o de oveja negra de la familia. Él, en cambio, tiene más asumida esa familiaridad que yo y es más agradable y cercano y le gusta dar abrazos e intenta contactar para compartir palabras y complacerse con la voz del otro, por eso, pese a que no puede negar sus raíces de anglosajón asentado en América, me hace parecer más frío de lo que soy, más cortante y menos amable de lo que suelo transmitir, dejándome como un gentleman que no sufre ni ante la pérdida de su bombín.

Randy residía, y lo sigue haciendo, muy lejos: en Japón. Salió de California para recorrer mundo y aprender (entre muchas otras cosas el idioma español, del que tiene una bonita versión propia, muy culta y salpicada de deliciosos americanismos) y terminó apaciguándose cerca de Osaka, donde enseña su inglés materno y ve crecer a su hijo Kai junto a la guapa Mimi.

¡Ay! ¡Ese problema con las distancias y los tamaños!

Sin duda alguna, si el motorista no adopta al principio la postura que se le supone a todo profesional de las dos ruedas, la perspectiva por sí sola no es capaz de darle al vídeo toda la carga irónica que tiene más tarde, cuando desaparecen de pantalla conductor y vehículo porque están recorriendo la exigua extensión de un garaje cerrado: fondos y formas, que no sabemos librarnos de la dualidad y miren que es difícil saber darle a cada elemento la importancia precisa.

16 Comments

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  2. Prometeo, enhorabuena por tener amigos y moto.
    Yo,desgraciadamente al convertirme en lobo estepario por culpa de este olor nauseabundo que emana de mi cuerpo, ni tengo amigos ni moto.Cuando tuve algún amigo, nunca le pregunté si tenía moto y si era grande o pequeña.

    Le felicito por su ingenio, por su inteligencia y por sus amistades.

    Saludos.

    Juan carlos

  3. Estimado Juan Carlos:
    No sé de dónde ha sacado usted que yo poseo moto, pues lo que tengo es una bicicleta y oxidada. En cuanto a amigos sí que le gano, pues además de Randy tengo otro pero no recuerdo su nombre ni dónde se encuentra.
    Ruborizado quedo por sus alabanzas.
    Gracias y sea bienvenido.

  4. Estimado Prometeo:
    He supuesto que tenía moto por el video anterior, me alegra saber que tiene una bicicleta ya que de esa forma no contamina la atsmofera.
    Yo, para no tener que olvidar nombres y no saber nada de mis amigos,ni ellos de mí, simplemente me limito a no tenerlos y de esa forma no aspiran mi ya consabido mal olor y no airean mi mala vida llena de mujeres y alcohol.
    De todas formas estoy brindando con mi segundo café, por usted y su magnifica formas de afrontar con ese maravilloso ingenio,su vida.

  5. Estimado Juan Carlos:
    De nuevo mi agradecimiento por brindar por la Falsa memoria de este modesto autor.
    Me deja usted en ascuas con respecto a lo de su olor corporal: ¿qué es eso que repele a varones y atrae a hembras en contextos alcohólicos y, quiero entender, orgiásticos? ¿Ha reparado que la quintaesencia de ese hedor embotellada no tendría precio en el mercado?
    Un saludo de un posible socio en la comercialización de su “Eau de Guanó”.

  6. Me encanta que sigas con esa amistad. Recuerdo tanto a Randy como a su mujer muy vagamente, pero recuerdo que obtuve una gran impresión de ellos. Látima, podía haberlo visitado cuando fuí a JApón
    Cuídate, se te echa de menos

  7. Hola Juambri:
    ¡¡ Que alegría encontrarte por estos lares, pensé que aún te encontrabas en Japón!!
    ¿ Habrás notado la diferencia de vida entre ese país y España?
    Todo tan controlado, tan excesivamente planificado y perfecto, y aquí gritos, descontroles por doquier y una planificación nula en todo lo que nos rodea.
    Saludos y encantada de encontrarte en esta su Bitácora favorita.

    Teresa.

  8. Estimada Teresa:
    No tengo el gusto de conocerle, aún así me tomo la libertad de dudar de sus palabras: lo de Juambri en Japón es un bulo tan grande como que va a correr la maratón de New York que, cuando lo intente, va a cruzar el puente equivocado, el que conduce a New Jersey y ya no le vamos a volver a ver hasta que le pare el Pacífico como a Gump, Forrest Gump.
    De Japón él sólo puede hablar de un chino-mexicano que le ofreció un abrazo gratis y con la excusa del achuchón le afanó la cartera.
    Hiervo de gusto por las visitas de todos ustedes y sus comentarios que me dan pie a continuar.

  9. Estimado Prometeo:
    Usted hierve, pero yo estoy congelada de que usted dude de mis palabras.
    ¿Cómo puedes decir que no conozco a mi Juambri?
    Al wily foe del País Vasco,a mi Xurri que me lleva a cenar al restaurante de Arzak.
    Mi Iñaki Gabilondo de las ondas.
    No me digas tonterías Prometeo, ¿Qué sabrá usted?
    Saludos.

  10. Querida Teresa:
    Nunca he dicho que usted no conozca a Juambri el intrépido: sólo he puesto en duda su viaje al Japón.
    Ahora lo que me interesa es que me aclare si usted se identifica con algún personaje animado o, por el contrario (de lo más opuesto que imaginar quepa) con aquella que lanzó a la fama a una novelista española de las Grandes.
    A sus pies.

  11. Querido Prometeo:
    Me está resultando un poquito “marujilla”, que le importa a usted con quién me identifique.
    A “juambri”, lo conozco desde que nació y sé perfectamente que ha viajado “hacia el infinito y más allá”,así que no me haga dudar de su viaje a Japón.
    Y sobre mis pies, yo que usted, ni me acercaba.Vamos por no acercar… no me acerco ni yo,pues son como dos lanchas llena de quesos metido en aceite.
    Ea,un saludo.

  12. Estimada Teresa:

    Como puede comprobar, a petición suya arreglé lo del vídeo.

    En cuanto a lo de sus pies…; sigo en estado de “shock”, de alarma, de excepción, de sitio…

  13. Sr. Prometeo, muchas gracias por la rapidez con la que atendió mi petición del vídeo.
    Me sorprendo, de su estado de descontrol absoluto por el problema de mis pies. Yo, acostumbrada a lo vulgar, a lo sarcástico y a la crueldad de algunos autores para con personas que no conocen de nada, me tomé la libertad de reírme de mí misma, de mis pies y de esa forma no molesto a nadie.

    Saludos.

    Teresa

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