José Saramago: “Caín” (Alfaguara, 2009)

P. Medina - Hijos de Caín (Flickr)

“Como una cosa, en principio, no va sin la otra, es probable que otro objetivo del violento empellón que el señor les dio a las mudas lenguas lenguas de sus retoños fuese ponerlas en contacto con las interioridades más profundas del ser corporal, las llamadas incomodidades del ser, para que, en el porvenir, y con algún conocimiento de causa, se pudiera hablar de su oscura y laberíntica confusión, a cuya ventana, la boca, ya comenzaban a asomar.” (p. 12).

“Quién ha desobedecido mis órdenes, quién se ha acercado al fruto de mi árbol, preguntó dios, dirigiéndole directamente a adán una mirada coruscante, palabra desusada pero expresiva como la que más.” (p. 19).

“Es muy sencillo, maté a abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto, Comprendo lo que quieres decir, pero la muerte está vedada a los dioses, Sí, aunque deberían cargar con todos los crímenes cometidos en su nombre o por su causa.” (p. 40).

“La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él.” (p. 98).

“Caminos a la vista, en absoluto, desde aquí se podría llegar a todas partes o a ningún lado, como destinos que se renuevan o que tal vez hayan decidido esperar mejor ocasión para manifestarse.” (p. 135).

wallyg - Paris - Musée d'Orsay: Cormon's Caïn

3 Comments

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  2. Me ha gustado mucho Saramago. Lo último que le leí, ´Las intermitencias de la muerte´, me lo devoré casi que sin interrupción. Pero te confieso algo, PA: no sé si llegue a leer ´Caín´. Cuando se trata de tales asuntos no quisiera que me ocurriera lo que cuando leí su ´El Evangelio según Jesucristo´: la estaba disfrutando tanto -en particular, las peripecias de María de Magdala, ¡hermosísimo!- y, aproximadamente el último tercio de la novela, no me satisfizo, me ha parecido que se volvió una ´comiquita´. Atrevido yo, ¿no?

  3. Nada de atrevido por opinar, Víctor, ya que ésa puede ser, a la vez, la obligación y el derecho del lector.
    Lo que me ha gustado de este Caín es que se acerca más a nosotros: no es sólo la antítesis de la bondad de Abel, sino que él se conforma como un individuo contemporáneo en su totalidad, que es capaz de dudar de sí mismo y de la divinidad y no tiene reparo en echar un pulso con su creador, simplemente para que éste deje de una vez de jugar a los dados sin oponente, que ya se sabe de los juegos en solitario.

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