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Ignacio Sanz - Sin la bitácora, (Flickr)
Ignacio Sanz - Sin la bitácora, (Flickr)

Soy un mal autor de bitácora, lo sé. Sólo tengo que observar las visitas que recibo y su duración, datos que, por mantener el decoro, ciertamente no les voy a revelar.

No es falsa modestia considerar que mis temas, mis entradas, pueden carecer de atractivo para quien, en demasiadas ocasiones por pura casualidad, se acerca por aquí. De hecho, concluyo que o de verdad mis textos son soporíferos, o que las visitas que recibo no son las adecuadas para este sitio o que no sé promocionar la bitácora.

El amigo Marcial en su momento ya me sugirió que lo más efectivo para esta especie de pasatiempo que tenemos (algunos con más continuidad que otros) es dedicar la bitácora a un tema específico a fin de que, día tras día, aquellos que verdaderamente se interesen por lo que uno cuenta regresen y participen de algún modo, es decir, uno debe centrarse en un tema, desarrollarlo y convertirse paulatinamente en un especialista. Sin embargo yo soy otro “aprendiz de todo, maestro de nada” y, aunque intentara ensimismarme para insistir por un único camino, me terminaría pasando lo que al narrador del Tristram Shandy que, deseando que su narración se desarrollase como una línea recta, tenía que admitir que el dibujo de su discurso era así:

Líneas narrativas
Laurence Sterne - Tristram Shandy (Alfaguara, 1999. Pág. 417)

¡Quién sabe! Acaso el problema sea que los buscadores de internet, el google, no sepan cómo dirigir hacia Falsa memoria a quien busca en la red alguna información presente aquí. Parece ser que las etiquetas o tags que el autor adjudica a sus entradas tienen una gran importancia, y las etiquetas genéricas que uso (emoción, sociedad, sinvergonzonería) no son nada efectivas, por lo que tendría que emplear unas más específicas y que casi serían exclusivas de cada entrada. De esa manera, esta que están ustedes leyendo no debería estar etiquetada como la ven, sino más bien así:

blogtags, SEO, Tristram, Shandy, etiquetas, visitas, google, Falsa, memoria

Me voy a proponer, entonces, para los próximos días, publicar sucesivamente una misma entrada pero etiquetándolas de diferente modo, al mío y como debería hacerlo, a ver cómo consigo más visitas.

3 Comments

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Quizá el asunto radique en que, generalmente, una bitácora registra cuanta menudencia nos ocurre (o se nos ocurre) día a día. Y no es ese el caso de Falsa memoria. ¿Será que, más bien, FM es una falsa bitácora?… Que Prometeo Acomplejado se concentre en temas “más específicos” creo que no va con él, y que llegue a preocuparle más de lo que le corresponde la popularidad de su blog desnaturalizaría su propio complejo. Interesante sí me ha parecido la idea de imputarle a cada una de las entradas de su blog todas las etiquetas posibles: convertiría este espacio -de suyo, ya muy especial- en un auténtico Aleph.

  3. De nuevo sus palabras me sobrepasan, Víctor. ¿Cómo un pobre aprendiz de todo va a ser capaz de emular la genialidad de uno de los creadores, de San Borges bendito? ¿Algún feligrés pudo nunca obrar milagros más allá de la capacidad de su dios? Cree usted que trata con el Prometeo Desencadenado de Shelley más que con uno Acomplejado.
    En lo que no deja de tener razón es en mi preocupación por las estadísticas: hace mucho que no me detengo en ellas y no sólo porque me provoquen cefaleas.
    Estoy dándole vueltas sobre qué entrada usar para el experimento: si hablar de Obama y el Nobel, o del Ondas al mejor presentador.
    Saludos, amigo.

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