Salman Rushdie: “La encantadora de Florencia” (Círculo de Lectores, 2009)

David Shankbone - Pia Glenn and Salman Rushdie Shankbone 2009 Vanity Fair (Wikipedia)
David Shankbone - Pia Glenn and Salman Rushdie Shankbone 2009 Vanity Fair (Wikipedia)

“Había dejado de hablar la lengua de Timur, el chagatai, así llamada en honor de un hijo de Gengis Kan, y adoptado, en su lugar, primero el persa y después el habla mestiza y bastarda del ejército en marcha, el urdu, el idioma de los campamentos, en el que media docena de lenguas entendidas a medias barbotaban y silbaban y producían, para sorpresa de todos, un sonido nuevo y hermoso: un idioma de poetas nacido de boca de los soldados.” (p. 40-1).

“Y aprendió la dignidad de lo que se ha perdido, y a perder, y cómo purificaba el alma aceptar la derrota, y a dejarse ir, a no caer en la trampa de aferrarse demasiado a lo que se desea, y aprendió lo que era el abandono en general, […], y las mejores tácticas de defensa de quienes padecían carencias ante quienes no las padecían: la introspección, la prevención, la astucia, la humildad y una buena visión periférica. Las muchas lecciones de la carencia. La carencia a partir de la que era posible el crecimiento.” (p. 43-4).

“Viajar carecía de sentido. Nos apartaba del lugar donde nuestra presencia tenía un significado, y al que conferíamos un significado consagrándole la vida, y nos transportaba a mundos de fantasía donde éramos, tanto nosotros como nuestro aspecto, francamente absurdos.” (p. 52).

“-[…] Para una mujer como yo, la venganza es un lujo inasequible, como las perdices, o la infancia.” (p. 66).

“(Si el hombre había creado a Dios, el hombre podía descrearlo también. ¿O era posible que una creación escapara al poder del creador? ¿Podía un dios, una vez creado, ser indestructible? ¿Adquirían tales ficciones una autonomía respecto de la voluntad que las hacía inmortales? El emperador desconocía las respuestas, pero las preguntas en sí parecían en cierto modo respuestas.)” (p. 84).

“-Según Cicerón -dijo Niccolò, recordando-, esta técnica la inventó un griego, Simónides de Ceos, que acababa de abandonar una cena con gran concurrencia de hombres importantes cuando se derrumbó el techo y todos perecieron. Cuando le preguntaron quién había allí presente, logró identificar a todos los muertos recordando el lugar que ocupaban a la mesa.” (p. 158).

cyberuly - The Forgotten Memories Theatre (Flickr)
cyberuly - The Forgotten Memories Theatre (Flickr)

“La historia era totalmente falsa, pero la falsedad de las historias falsas a veces tenía su utilidad en el mundo real,…” (p. 163).

“El pasado era una luz que, debidamente orientada, iluminaba el presente con más intensidad que cualquier lámpara contemporánea.” (p. 244).

“Mogor tenía razón. «La maldición de la raza humana no es que seamos tan distintos unos de otros, sino que seamos tan parecidos.»” (p. 301).

“…¿no era una especie de infantilización del yo renunciar al propio poder de actuación y creer que tal poder residía fuera de uno mismo y no dentro?” (p. 309).

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