Con sabores de Macondo

Visentico / Sento - Buena pregunta... (Flickr)
Visentico / Sento - Buena pregunta... (Flickr)

Hace unas semanas, al comprar el diario Público, se podía también adquirir un libro por sólo 0.50 €. No pude resistirme a la tentación y me acerqué al quiosco a agenciarme un ejemplar de cada uno. Lamentablemente sólo me llevé el periódico pues el libro no lo tenía el vendedor y sólo pude dejarlo encargado -quizá el distribuidor no lo había dejado o sólo entregó unos pocos ejemplares que estaban acabados al llegar yo: en cualquier caso se reducía al absurdo el motivo de la promoción pues yo fácilmente podría haber desistido y dejado el diario en la estantería.

Fotos a Pila - Yasunari Kawabata, 1968 (Flickr)
Fotos a Pila - Yasunari Kawabata, 1968 (Flickr)

Del libro ya he dado noticia en la entrada anterior: es el último publicado de Gabriel García Márquez. Recuerdo que cuando se presentó y se reseñó y comentó en los periódicos no sólo se comparó con La casa de las bellas durmientes de Kawabata, con quien García Márquez se siente en deuda (no en vano la cita como prólogo son unas líneas de esa novela del escritor japonés), sino que hubo quien también lo censuró por ser una mera descripción de las rijosidades de un viejo verde dirigidas, para más inri, hacia una muchachita.

Es decir, que no sólo se narraban los deseos sexuales de una persona muy mayor, a quien nos cuesta conceder tales apetencias, sino que además aquello exhalaba un tufillo a pederastia. Así terminé de decidir que ni lo adquiriría ni lo leería, porque ya estaba cansado del mesianismo con el que se le ha untado a García Márquez y que él parece aceptar gustoso tal vez porque es de fácil digestión y alimenta bien, dignidad que no creo compatible con quien sigue apoyando un régimen político como el castrismo; además tampoco esperaba encontrar nada parecido a sus Cien años de soledad, simplemente porque es imposible.

Sangroncito - Aracataca (Macondo) Colombia (Flickr)
Sangroncito - Aracataca (Macondo) Colombia (Flickr)

Así que, por azar y acaso por tacañería (mejor debería decir que para aprovechar del modo más útil una simple moneda de medio euro), el libro ya descansa entre los de mi librería y sus palabras y su narrativa en mi memoria. He de decir que, final y felizmente, me ha gustado mucho: ha regresado a mi paladar el sabor de la narrativa plácida y gustosa, así el placer de la lectura se ha resumido en el simple hecho de leer, sin buscar ni esperar nada, sólo por pasar un buen rato.

Sólo quiero destacar cómo el anciano protagonista, que confiesa que nunca se enamoró y si a punto estuvo huyó de ello a tiempo, descubre qué es amar y sentirse amado:

“Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.” (p. 65-6).

Con poco más de cien páginas se pasa un buen rato, se puede aprender y, tras ello, reflexionar y pensarse.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s