Trescientos

-No. Son dos horas, ya lo sabes, y sólo te quedan cinco minutillos. Entretente con cualquier cosa que ya te aviso yo cuando pasen.

Donnie Darko. - Se me desvanece el tiempo... (Flickr)
Donnie Darko. - Se me desvanece el tiempo... (Flickr)

Cinco por sesenta, trescientos. Los minutos finales del recreo. Esos breves momentos pero magnificados en los que por primera vez se conduce la bicicleta sólo con dos ruedas. Los segundos que quedan para el aviso de salir de clase. La tristeza multiplicada al final del viaje que conduce de nuevo a la rutina, con las vacaciones terminadas. Responder a toda prisa las últimas preguntas del examen antes de que el profesor retire las hojas. Deleitarse con el principio inesperado de una novela, con el final que redondea una historia bien contada. Estar esperando a alguien muy especial en la esquina frente a su casa y no saber si se quiere ver ya aparecer a esa persona o que tarde un ratito más, a ver si se pasa el nerviosismo. La impaciencia en la sala ya oscura mientras que emiten anuncios y no termina de empezar la película anhelada desde hace mucho. El primer viaje a solas a pasar una gran temporada fuera del hogar; el primer regreso después de la primeras vivencias fuera del nido. La desazón en la sala de embarque cuando se es novato como pasajero aéreo. La ansiedad porque acabe de una vez el malestar en estómago y cabeza por las intoxicaciones varias junto a los amigos. El tiempo que pasa tranquilo compartiéndolo en armonía con la persona que nos eligió y a la que aceptamos, y viceversa. En la sala de espera de la consulta médica a la espera de recibir el resultado de unas pruebas. La boca haciéndose agua mientras se espera la venida del camarero con el filete a la plancha de atún fresco. Los momentos que son horas que parecen minutos en los que se disuelve el mundo durante la petite morte. Sudores y cansancio plácido que desmadejan el cuerpo sobre la toalla sin acabar de decidirse a levantarse y darse un remojón de sal y espuma. La constatación de que la muerte es real, de que no es un invento del cine, que los familiares y amigos se van y que uno terminará acompañándolos también. La serenidad que emborracha el cuerpo sobre la cama del hospital, con la morfina convenciendo al cerebro de que no va a ser tan malo, ni mucho menos doloroso, y que es lo último que se nos exige a cambio de lo que hemos recibido.

verboomz - chapuzón (Flickr)
verboomz - chapuzón (Flickr)

-…doientonontasete, doientonontaoso, dossss cientossss noventa y nueveeeeeee,… TRESCIENTOS. ¡Se acabó la digestión! ¡Me voy al agua, mamá!

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