Cerebro de gallina

Así ha nombrado Javier Marías en su Zona Fantasma de ayer domingo al creador de un eslogan utilizado en la campaña pro JJ. OO. en Madrid en 2016. El lema dice “hola everyone“, así, en spanglish, como si la ciudad candidata fuese Gibraltar, Tijuana, San Diego o Miami, brother.

Y verdaderamente no se me ocurre para tonterías como la anterior otro calificativo mejor, verdadero acierto del español de Colombia que así designa a la persona cuya estupidez se asemeja a la de ese animal con tal tamaño cerebral.

Fíjense ustedes la necesidad que siente un pollo por su propio cerebro que Mike, uno que vivió en el estado de Colorado hace más de sesenta años, pudo continuar sin cabeza durante ¡dieciocho meses! sin echarla en falta.

La divertida historia del chicken sin cabeza sirve de guía espiritual para todos aquellos que se saben de mente débil: Mike les demostró que, en las peores condiciones, si uno pone empeño todo es posible sólo con voluntad, aunque no se posea materia gris que ayude a tomar decisiones y a razonar, y todos conocemos muchos ejemplares de homo sapiens sapiens que se conducen como nuestro protagonista: dándose porrazos con las paredes como si no las vieran.

Por otro lado, ¿qué mayor sacrificio y generosidad puede mostrar un animal por su dueño? Quizá Mike era un pollo leído y sabía por la Historia Natural de Plinio el Viejo que su cerebro le podía servir a su amo para neutralizar el veneno de la serpiente: no en vano para los partos (no la acción de parir, sino los habitantes de la actual zona de Irán allá por el siglo III a.C.) era el principal remedio para cualquier herida, además de hacer un sabroso caldo que si uno se lo restregaba por el cuerpo ahuyentaba a leones y panteras, “sobre todo si en él se ha cocido también un ajo” (sic).

Así que Mike, como excepción, supo conjugar sagacidad y utilidad, cosa poco frecuente en pollos y humanos, librándose de la muerte que le llevaba el granjero en el hacha, a la vez que mostraba el provecho de que se le permitiera seguir en ese estado que ni es catatónico ni de zombi, pero que se parece a ambos.

No me quiero despedir hoy sin pedir excusas a Javier Marías y a esos comentaristas merengones que están por ahí escondidos por incluir el siguiente logotipo de Madrid16:

mcpirix - Madrid 2016 (Flickr)
mcpirix - Madrid 2016 (Flickr)

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