La fascinación del horror

javiermarias_es - Javier Marias [RAE] y Pérez Reverte (Flickr)
javiermarias_es - Javier Marias RAE y Pérez Reverte (Flickr)

He sacado las palabras para el título del último artículo de Javier Marías en El País Semanal de hoy domingo. El novelista, partiendo de una anécdota con su compañero y amigo Arturo Pérez-Reverte, confiesa tener ciertos gustos impronunciables por suponerse demasiado vulgares para personas de un alto nivel cultural como él; también cita gustos de esta índole de otras personas: los de Pérez-Reverte y los del poeta John Ashbery.

Alabo su sinceridad, aunque supongo que otros gustos tendrá que son verdaderamente vergonzosos que no incluye, cosa de la que me alegro. Sin embargo, no puedo aplaudirle el cierre de su columna, donde desliza su mala opinión sobre ciertas novelas dando a entender que en su terreno, en la novelística, no siente inclinaciones improcedentes.

Algunos de esos libros que compara en cuanto a su calidad con la serie televisiva Los Serrano, sí los he leído, y me han gustado. Evidentemente El niño con el pijama a rayas no carga con la complejidad psicológica ni irónica que Lolita de Nabokov y, reduciendo al absurdo, podríamos decir que toda la narración es una simple excusa para llegar al final, de no mucha originalidad pues se anuncia desde el principio, y publicarla rápido por no perder la corriente actual y vender mucho. No sé con exactitud a qué concepto de novela apela Javier Marías -volvemos a remitirnos a la polémica sobre la utilidad de la literatura– y me gustaría saber su truco para no “arriesgarse” como lector con novelas de baja calidad. También habría que sugerir que él ha podido evitar insinuar la misma falta con algunas obras de algunos conocidos suyos que no creo que se acerquen al nivel que él parece esperar en las novelas, lo que por otra parte muestra su caballerosidad para con colegas amigos.

Hoy he ganado dos cosas con la Zona Fantasma de Marías: no dejar de admirarle como novelista y columnista y no por ello estar en desacuerdo con su opinión cuando así me siento, y recapacitar en la suerte de algunas personas que, desde el principio, pueden tener buenos tutores y guías en su camino a la cultura que le eviten pérdidas de tiempo y a través de quienes fácilmente tengan acceso a lo que sí debe ser leído: no es lo mismo crecer entre los libros de la biblioteca de Julián Marías que tener únicamente los del colegio público que vienen donados por el Ministerio a cuentagotas.

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