Unidos contra el hambre y por la esperanza

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Es evidente lo fácil que es sumarse a causas de este tipo, donde lo más normal es que todo el mundo esté de acuerdo en que se debe ayudar a los más débiles, pero, en cambio, ¡hay que ver lo difícil que es ser original al opinar, del mismo modo que conseguir, a través de iniciativas como ésta, paliar en algún grado el sufrimiento ajeno!

Sin tener que recapacitar demasiado, sé que estas palabras mías no van a mitigar el hambre de nadie, aunque sólo fuera a modo de mendrugo de pan, del mismo modo que el hecho de que ustedes lean esta entrada tampoco va a servir en la práctica para nada.

No obstante, nunca está de más conocer el problema y reconocerlo como tal y, si es posible, sentirlo en carnes propias para hablar de él con propiedad. No quiero decir que haya que dejar de comer unos días para poder decir qué triste es el hambre, que con eso, para los que podemos gastar tiempo en esto de internet gracias a nuestra sobrealimentación, en todo caso sólo se siente ansiedad y hasta se puede ganar algo perdiendo algunos gramos en la cintura con vistas al verano y a los bañadores.

Fenómenos - hambre (Flickr)
Fenómenos - hambre (Flickr)

Lo que deseo, entonces, es llamar la atención de su imaginación, para lograr la empatía con cualquiera de esas personas hambrientas que por desgracia se cuentan por millones -según estimaciones de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, sólo en un año, en el 2007, la cifra de hambrientos aumentó en 50 millones de personas, más que la actual población de España (y prefiero no  saber cuál es la cifra total)-, de modo que ustedes olviden sus problemas habituales, que si pagar las deudas, que si mantener el trabajo, que si el colegio de los niños, que a dónde voy a ir en las próximas vacaciones,…, y se pongan en el lugar de aquellos que, amén de complicaciones como las nuestras y muchas más, tienen que ocuparse todos los días y cada uno de ellos de encontrar sustentos para sí mismos y para los suyos.

Quien tiene esta preocupación habitualmente como la principal no tiene tiempo para nada más: no piensa en cómo vestirse, en cómo pagar la hipoteca, en cómo divertirse, en qué leer, en cambiar de coche, o a quién amar…

Por último disculpen el recurso fácil de despertar la piedad de ustedes a través de la foto de los niños hambrientos, pues si duele la desgracia ajena, más cruel nos parece si está acosando a los niños, a los más débiles.

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