Historia de un flemático

Giovanni Zuccarelli - Portada del libreto de Edgar de Puccini (Wikimedia Commons)
Giovanni Zuccarelli - Portada del libreto de Edgar de Puccini (Wikimedia Commons)

Edgar había sido educado de modo muy rígido, a la manera espartana o, sin exagerar tanto, como se supone que son educados los niños británicos de clase alta. Sus padres evitaron ofrecerle muestras de cariño, y también rehuían la reprimenda y los aspavientos cuando Edgar cometía cualquier travesura por grave que fuese. Desde bebé le acostumbraron a que una leve sonrisa o una mirada más intensa de lo normal eran suficientes para transmitirle aprobación o rechazo, recompensa o castigo. Y desde el principio se le quiso inculcar ese modo de ser ya desde el nombre que le adjudicaron, Edgar, de origen inglés; cierto es que su padre admiraba la escritura de Allan Poe y que una de los vinilos favoritos de su madre era el Edgar de Puccini en versión de la orquesta de la Academia de Santa Cecilia de Roma con Plácido Domingo como tenor.

Consiguió, así pues, ser flemático en su actitud como cualquier lord inglés, cumpliendo los deseos paternos y maravillando a familiares, amigos y conocidos que nunca le vieron expresar ningún sentimiento, ni los considerados positivos ni los negativos, por lo que permanecía impasible lo mismo ante cualquier triunfo propio -ya fuera académico, deportivo o sentimental- como con una pérdida que le alcanzase por pequeña o grande que fuese y con el carácter que tuviese.

Souren 72 - Distinguished Gentleman (2) (Flickr)
Souren 72 - Distinguished Gentleman (2) (Flickr)

Ya siendo adulto, con una vida afianzada según lo que de él se esperaba, con una familia modelo, habiendo logrado ciertas hazañas empresariales que indudablemente no le hicieron gritar de alegría y con sus progenitores ya enterrados en ceremonias solemnes donde no cupo ni el más mínimo atisbo de aflicción o de compunción, un día viendo cómo la grua se llevaba estropeado al viejo utilitario que le había acompañado desde que se emancipó, no pudo evitar que unas lágrimas resbalasen por sus mejillas y corrió a torcer por la esquina más próxima para no dejar testigos de su tonto y virginal sentimentalismo y, encontrando un portal abierto y desierto, se escondió allí a descargar el llanto fresco que no sabía cómo parar.

Meses más tarde tras unos episodios similares, tuvo que ser trasladado a un sanatorio en las montañas suizas cuyo lema era la indagación y cura de los trastornos nerviosos, después de que su esposa se viese obligada a presenciar, con un abochornamiento que tampoco era digno de tal familia, las carcajadas de su marido durante el entierro de la suegra, y luego de que sus hijos pequeños empezaran a rehuir al padre al ser testigos de la tremenda tristeza que a Edgar le rebosaba cuando se sentaba a ver los dibujos animados con los pequeños y el gato o el ratón de turno eran aplastados o engullidos.

PoxPolin - Estornudo (Flickr)
PoxPolin - Estornudo (Flickr)

En aquel sanatorio, donde rápidamente se comprobó que su estancia pasaba a ser indefinida, se aficionó al anis rebajado con agua, a los cigarrillos de marihuana y a las novelas decimonónicas rusas y francesas con lo que lograba alcanzar un estado catatónico que creía cercano a su anterior yo.

El día que los herederos acudieron a recoger sus restos, escucharon alegres que en los últimos tiempos Edgar había recobrado su seriedad de antaño y que sólo logró hacerle sonreír un paciente esquizoide por culpa de fallidas operaciones bursátiles que, tras cada esputo que le provocaba una bronquitis contraída a causa del frío alpino, exclamaba:

-¡Vaya flema!

8 Comments

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  2. Sé que soy una gata pero no siempre fue así. No fue un simple cambio a una nueva vida que me atribuye la cultura popular.
    Ocurrió hace años cuando conocí a Carlos.Tenía cuarenta años si lo mirabas y cincuenta si lo observabas. Era un hombre fuerte que contagiaba alegría y ganas de vivir a quien se acercaba, pero necesitaba de los demás para ser él mismo. De esa comunión entre fortaleza y debilidad se creaba algo mágico, una especie de gozo por vivir, a medio camino entre la exaltación y la serenidad.
    Lo conocí en un día gris, en un momento y un lugar en el que ni la fantasía jamás hubiera creado que iba a dar con el hombre que cambio mi vida..

  3. FALSA IDENTIDAD:
    Un ser humano se parece a un gato en muchos más aspectos de los que nos gustaría reconocer:como los gatos, pretenden ser libres y aletear sobre las necesidades que le atan a la tierra.La comida,el agua y el cobijo.
    Como los gatos,los humanos buscan su nombre lo reducen,intentan transformar la identidad que transpira.Aspiran a elegirlos, por encima de las decisiones familiares que se lo impusieron.Durante años fingí llamarme Rocío,luego abandoné esa identidad y he naufragado con otras.Con la ayuda
    de mis gatas espero llegar alguna vez a mi nombre real,el profundo,e inescrutable y singular nombre.
    Esta “”mini historia””,surgió al leer el libro de LLoyd Webber,””GATOS””.El autor lo explica con maestría,un gato tiene tres nombres:el cotidian,sensato y sencillo.El que define algún aspecto de su personalidad.Y el tercero, el secreto, el que solo él conoce y no comparte con nadie y sobre el cual medita cuando parece dormitar o comtemplar la nada.

    P.D: VA PARA TODOS LOS GATOS.

  4. Alguien me está suplantando, señor prometeo ruego borres el comentario anterior puesto que no es mio, y si esto sigue así suplantaré la identidad hasta del mismo acomplejado!!!

  5. Para bien o para mal, señor Fresny, desde el principio en esta bitácora que a todos alucina ni se han censurado comentarios (y espero que no haya que recurrir a ello) ni se ha exigido identificación a nadie. A más de una persona le ha agradado alguna vez este juego del escondite, ¿verdad?
    Tampoco se preocupe, porque quien leyese ese comentario sin saber quien firma, no creo que pensase en usted como su autor, habida cuenta de que el estilo y los planteamientos del nuevo Fresny difieren mucho de los que usted gasta.
    No sé, no sé, quien quiere suplantarle debe estar intentándolo desde algún sitio cercano pero no habitual en usted: tal vez por la zona oeste de Tarifa, acaso en alguna localidad atunera hacia Cádiz. No sé. Probablemente yerro.

  6. La unión hace la fuerza.FER+BER es igual a Maldad absoluta,también es mala suerte encontrarse por el espacio sideral a estos personajes,con lo grande que es la web.
    ¡A seguir dañando al personal.!
    Yo seguiré con mis pastillitas y teniendo siempre el lema de mi psiqui,presente: Aquellos que te hacen daño, no existen.
    Ingenuidad absoluta,pensar que el síndrome del ordenador lo tenía superado,otra vez a empezar después de una año, para tirarse por los bloques del Campo del Sur.

  7. Bueno, de verdad que no se le puede juzgar a Edgar, por su comportamiento, este traia trauma de su crianza, antes los padre no le hacian cariños a los hijos, no les besaban, ni les abrazaban, les trataban como adultos, los castigos eran muy comunes, algunos padres de ese entonces se les pasaba la mano en el castigo y los hijos morir, no se hacian adultos.
    Lo que si es que Edgar, no supo superar los traumas traidos de su crianza, este no pude cambiar el patron de conducta de la vida llevada al lado de sus padres.

  8. Querida,no estoy de acuerdo con usted.Los traumas son superables y con fuerza de voluntad intentar no caer en los errores paternos.Es más, muchas veces se puede hasta pecar de ser excesivamente contrario a la conducta que tuvieron esos padres con los hijos.De padres pasotas pueden aparecer hijos muy responsables en sus trabajos y ser demasiado protectores con los suyos.
    No hay norma en el amor padres e hijos.Además en esta época en estos tiempos, qué padre o madre no da la vida por sus hijos.No hay nada más fuerte,no hay unión más desinteresada que la que existe entre padres e hijos.

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