Hace cincuenta años en un julio de levantera

Este invierno moribundo está siendo especialmente crudo y desangelado, comparado con otros inviernos cercanos, no con el concepto de invierno que tenemos, pues a este último sí que se le parece: frío, lluvioso, ventoso, tormentoso. Los últimos años nos habían acostumbrado a otros eneros y febreros distintos, con sol, sequedad y temperaturas agradables, invierno de guiris y de turistas, de plazas hoteleras y bares a medio aforo, de paseos vespertinos por la playa con inconscientes que ya se atrevían al baño.

Alma Vogler - Tarifa (Flickr)
Alma Vogler - Tarifa (Flickr)

El del 2009 parece contagiado de crisis: ha paralizado muchas actividades y negocios y nos presenta un horizonte tan plomizo como las nubes estancadas en el Estrecho por la levantera. El invierno que se va se ha cobrado muchos paraguas, haciéndonos volver a recordar que de la lluvia en Tarifa no se guarece nadie con unas varillas y un trozo de tela impermeable, abocados al espectáculo de su destrozo en cualquier esquina. Este invierno ha desnudado las playas, robándoles sus ropas de arena que se han deshilado entre bloques de cemento, solares abandonados o a medio construir, pinos, lentiscos, palmas y tagarninas.

Javier Antón - Sobre Grosso
Javier Antón - Sobre Grosso

El narrador sevillano Alfonso Grosso escribió un libro de viajes allá por los años sesenta del pasado siglo que tituló A poniente desde el Estrecho (JRC editor, 1990), ya que el título original, Entre dos banderas, fue censurado, así como la obra en su conjunto que cayó en el olvido y que no fue publicada hasta más de dos décadas después. En esta obra se plasman sus impresiones en un viaje realizado desde Gibraltar, bandera británica, hasta Rota, bandera yanqui. Grosso refleja la realidad de unas poblaciones oprimidas por la cruel y terrorista posguerra. Les ofrezco sólo dos breves extractos de su paso por Tarifa en un verano ya lejano, muy lejano:

“Las calles están solitarias. El viento lo domina todo, arrollador e inquietante. No hay macetas en los balcones. Las contadas mujeres que caminan por las aceras lo hacen apresuradamente, con la falda a medio muslo sujeta con las dos manos. Tiemblan los cristales. Los árboles se curvan como si fueran a ser arrancados de la tierra. El ambiente está impregnado de una melancolía absorbente y plomiza.” (p. 40).

Después de su primera impresión del pueblo y de conversar con unos pocos lugareños, se detiene en el principal, enorme y temible protagonista del episodio:

“Es el único tema posible. Un fantasma que oprime a una ciudad triste y vacía. Los hombres miran la calle sucia que amarillea por el polvo. Una motocicleta aparcada junto al encintado cae al suelo estrepitosamente, empujada por la fuerza del Levante, y un niño llora en brazos de su madre con los ojos hinchados por las partículas diminutas que llevan los remolinos de arena.” (p. 45).

Javier Antón - A poniente desde levante, Alfonso
Javier Antón - A poniente desde levante, Alfonso

¡Qué de semejanzas entra ambas ambientaciones meteorológicas! Y, afortunadamente, ¡qué de diferencias en lo social y en lo político! ¡Y sólo median entre ambas escenas medio siglo! No lo olvidemos.

3 Comments

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. me cago en los putos anticlones hijos de puta, el sol, el calor y la sekedad, dejen paso a esas buenas borrascas ke barre todos los guiris y nos pone a salvo de ellos

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