El fútbol de Perogrullo

En la última etapa en la que el fútbol empezó a interesarme algo (como las otras tampoco llegó a buen puerto, vayan dos detalles tan sólo: no vi la semifinal contra Rusia, y el gol de Torres a los alemanes me pilló en el cuarto de baño cortándome las uñas), presté más atención de la acostumbrada a la información deportiva, que en este país es decir información futbolística -y si no hay nada mejor y nos sobra tiempo tal vez hablemos del curling, ese deporte hecho pasión, ¿o era esa pasión devenida en juego?-, a menos que puntualmente sea otro el que dé alegrías patrioteras y entonces se dediquen los periodistas a lamerse mutuamente con placer gracias al tenis o al baloncesto, y comprobé que no hay nada a lo que se dedique tanto tiempo, espacio, dinero y esfuerzo como a la información del “deporte rey”, y que a la vez conlleve tan poca novedad y sorpresa.

teoriasdelabsurdo - Gracias Dios por ser español (Flickr)
teoriasdelabsurdo - Gracias Dios por ser español (Flickr)

La información futbolística llega al receptor inmediatamente, pero aún así el espectador no para de recibirla por manida o sabida que ya esté. El aficionado conoce al momento lo ocurrido, pero aún así los medios siguen transmitiendo la misma noticia, erre que erre, a falta, evidentemente, de otra cosa mejor. Si un futbolista se lesiona en un partido o recibe alguna tarjeta que le impida jugar el fin de semana siguiente, el seguidor lo sabrá en el mismo instante en que ocurre, sin embargo, esto se dará casi como primicia durante esa jornada en los resúmenes, en el periódico del día siguiente y en todo espacio deportivo durante los días sucesivos. A los aciertos o errores de jugadores, entrenadores o árbitros se les da mil vueltas hasta la saciedad, como si se tratara de un análisis de política internacional donde las consecuencias de determinadas acciones o decisiones pueden contar demasiado; o peor aún, se les da un a cobertura a veces pseudocientífica, como si en vez de Manolo Lama el periodista fuera Iker Jiménez (¡vivan el rigor y la profesionalidad!). Así no es de extrañar que en estos espacios se use frecuentemente en los últimos tiempos el humor, la campechanía o el ambiente tabernero para paliar esta falta de sustancia y llenar huecos: ¿cómo sino aguantar cinco o seis horas de programa en directo con sólo una decena de goles y unas cuantas patadas “espinillicidas”?

Pues bien, lo que más me impresiona de esto por su insustancialidad y su pesadez son los anuncios de partidos de fútbol que van a retransmitir los diferentes canales televisivos, y cuyos mensajes sólo avisan de lo que es archisabido: que si el Barça quiere ganar para afianzarse en el primer puesto, que si el Madrid quiere golear para no perder la cabeza de la tabla, que si el Bilbao debe ganar para salvar la temporada o el Betis para no volver a hundirse en segunda, ¿y no es todo eso lógico? ¿acaso no lo saben todos a los que va dirigido el mensaje? Todos quieren ganar: unos por llevarse el título, otros para no descender; unos lo necesitan por una razón y otros por otra, según como lleven la temporada, pero esto lo sabe todo aficionado normal.

Ante toda esta inanidad y hastío refresca un poco encontrar en ocasiones a alguien que no va de estúpido ni tampoco de cantamañanas, que parece saber dónde está y cómo debe actuar, y que también sabe evitar caer en los topicazos de rigor: que si el partido dura noventa minutos, que si son once contra once, y todos esos axiomas con los que la humanidad ha conseguido tan altas cotas de sabiduría. Me refiero a unas recientes declaraciones de Pep Guardiola, el actual entrenador del Barça, que al ser preguntado qué pasaría si su equipo perdiese no sé qué partido, respondió algo así como que la gente seguiría haciendo su vida normal, trabajando, los niños irían al colegio y que, en todo caso, si sus jefes creyeran que algo iba mal en el conjunto, pues ya responderían los jugadores o él mismo. Es decir, ante la máxima gravedad que el periodista quiso insuflar en su pregunta, el entrenador intentó educadamente dar a cada cosa su importancia, no hacer del fútbol el vórtice sobre el que gira la existencia de cada espectador, como sí, en cambio, está en el ánimo de quienes viven indirectamente gracias a ese deporte o espectáculo, que esperaban en esa ocasión de Guardiola o una declaración sorprendente para un gran titular o al menos las palabras al uso.

Migue! No soy fotógrafo... - Solo queda rezar (Flickr)
Migue! No soy fotógrafo... - Solo queda rezar (Flickr)

Pensándolo bien, ¡qué fácil debe ser que todo se reduzca a ganar o perder, que la alegría o la tristeza sólo se base en los resultados de un equipo y que no haya que preocuparse por otras cosas!

3 Comments

  1. ¡Qué bueno leerle, señor Javito!
    Aquí seguimos inventándonos “escuajos” sólo por el placer de publicar.
    Lo de Marcial es cierto, nos ha sorprendido, aunque hace algún tiempo me habló de una bitácora enfocada a algo en concreto y ahora lo entiendo.
    Que le vaya bien, caballero. Este su seguro servidor va a trasladarse ahora a “¡Enterao, que eres un enterao!”, que el/la fiel lacuriosidadmata parece esperar respuesta.
    Un abrazo.

  2. Pingback: Bitacoras.com

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