Desesperanza

David Seymour (1948)
David Seymour (1948)

Deseperanza fue lo primero que se me ocurrió al ver esta foto. Su autor, David Seymour, viajó por la devastada Europa de después de la Segunda Guerra Mundial con el encargo de UNICEF de documentar gráficamente el impacto de la guerra en los niños. La de la imagen se llamaba Tereska y estaba acogida en un orfanato para niños trastornados en Polonia, después de haber pasado su corta existencia en un campo de concentración. En el momento de la instantánea estaba dibujando en la pizarra su concepto de la palabra “hogar”.

No me llama la atención tanto el dibujo de la niña como su cara, pues tras unos momentos de reflexión inevitablemente uno se hunde en la pena y el terror. En otras circunstancias, sin el contexto que ya conocemos, podríamos pensar que el fotógrafo, simplemente, ha entrado de improviso en un aula normal de cualquier colegio normal y ha sorprendido a una de las alumnas en el momento de cometer una gamberrada, de levantarse sin permiso hacia la pizarra para pintar unos monigotes. Entonces la cara de la niña expresaría un poco de temor y sobre todo sorpresa, mucha sorpresa por haber sido pillada in fraganti.

Por desgracia no es eso que nos parece tan natural. En su rostro, primero, aparece la seriedad de un adulto, de alguien a quien ya no hay que explicar lo desagradable que en ocasiones es la vida, porque quizá para ella eso ha sido lo habitual y lo único conocido. Pero todo lo anterior se arrincona ante la intensidad de su mirada que lo barre todo, de unos ojos que lanzan una pregunta insondable y terrible que a su vez es toda una certeza que sabe no va a ser admitida por nadie en sus cabales.

Esos ojos que inquieren sobre la culpabilidad del observador, más que infundirle temor, transmiten ante todo deseperanza, porque en definitiva saben que no van a recibir respuesta, ya que nadie ha sido obligado a llegar tan lejos para conocer tan a fondo como ella, la que busca respuestas.

Piensen que ojos como estos siguen mirando así actualmente, ojos jóvenes que ya han contemplado lo que nunca les hubiera correspondido ver. No obstante, ojos así también se han endurecido, se han hecho más fuertes y han sabido hacer lugar en su existencias a momentos diferentes:

M´Bife blues - aula arabe (Flickr)
M´Bife blues - aula arabe (Flickr)

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