Javier Marías articulista

Hoy, en su página habitual de El País Semanal, Javier Marías diserta sobre el oficio de articulista y de las consecuencias que tal oficio tiene sobre sus lectores. Acertadamente opina que, en estos tiempos en los que no solamente creemos que podemos opinar de lo que sea (aún a riesgo de no saber muy bien de lo que se habla) sino que los demás tienen el deber de asentir a lo que decimos, también hemos creado el derecho de replicar a cualquiera sin el suficiente conocimiento de causa o de tomar cualquier opinión ajena para explayarnos sobre lo que nos interesa, por muy poco que tenga que ver una cosa con otra. De hecho, desde no hace mucho, no es raro escuchar a cualquiera opinar sobre lo que sea y que, para reafirmar sus palabras, se cite a si mismo con la coletilla “…como yo digo…”.

Hace dos semanas, el artículo del escritor versó sobre una oportunidad que le había surgido de utilizar un ordenador y de acceder a internet. El señor Marías no se avergüenza en reconocer su inexperiencia en lo concerniente a las nuevas tecnologías, en concreto a la telefonía móvil y al ordenador y a los usos que sacamos de la primera y del último. Muestra su aversión a tales aparatos en tanto en cuanto les encuentra, en su caso, más inconvenientes que ventajas. Pues dando esto como opinión suya, como experiencia propia lógicamente, algunos lectores se irritan e infieren que el escritor está proponiendo que nadie use esa tecnología.

//javiermarias.es/
Tomada de http://javiermarias.es/

Este es uno de los ejemplos que usa en el artículo de hoy, pero también nos habla de los ataque airados que ha recibido cuando ha hablado sobre las fosas de la Guerra Civil, o sobre la placa de Sor Maravillas o sobre la cúpula de Barceló.

En la prensa no es difícil encontrar a quien utiliza el espacio donde escribe para pontificar; sin embargo, por fortuna, también existen articulistas que intentan exponer sus ideas razonadas de buena manera. La suerte, entonces, debe estar de parte del lector para que éste vaya encontrando voces que le ayuden a pensar y a crearse su propia opinión, estando o no de acuerdo con las palabras que lee. En esto sí reside la libertad de expresión, no en el rifirrafe gratuito y sin base que lo apoye.

Así que, como el Pisuerga pasa por Valladolid, acabo de inaugurar una sección en la que, cuando me venga en gana, voy a tomar un artículo o alguna obra de Marías para tener de qué hablar. ¡Bendita digresión!

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