Bajo coste

Escucho por la radio la nueva estrategia de grandes diseñadores y de grandes cadenas de producción para aguantar esta crisis. Van a aplicar el bajo coste o bajo costo -o low cost como dicen los que saben, que yo ni pajolera- a sus industrias, como esas compañías aéreas que no le dan a usted de comer gratis pero cuyo billete es de menor precio (o eso nos hacen creer).

medea_material - taza rota (Flickr)

Como ejemplo han puesto a Ikea, cuyos ingenieros han diseñado una taza con el asa de otra forma a la acostumbrada o más pequeña, de modo que se pueda seguir utilizando a la vez que durante el transporte se apilen más en el contenedor de mercancías y así ahorrar dinero. Piensen que les debe salir por un pico traer las tazas desde el sudeste asiático, que allí mandaron hace tiempo fabricar sus productos…, por lo del low cost, ya saben: al trabajador asiático, por el salario del occidental que compra la taza, lo tiene usted trabajando veinte veces más y sin acordarse de vacaciones ni de sindicatos, ni de costes, sean éstos altos o bajos. Así que si la taza costaba antes dos euros del vellón, ahora se la puede usted llevar por uno y medio. Como los analistas suponen que por la crisis, supuesta o real, los consumidores amedrentados frenamos nuestras ansias derrochadoras, el simple hecho de comprobar que los precios bajan nos va a decidir a seguir comprando. Sólo nos queda saber si el low cost se va a aplicar también al salario del pobre fabricante de la taza, ya que en caso afirmativo comprenderemos mejor la medida. ¡Pobre asiático manufacturero -que no matutero- de productos para Occidente, que va a ver menguada su ración de arroz!

Irremediablemente empiezan a surgirme dudas (¿por qué no soy capaz de desconectar y así vivir más tranquilito y menos cabreado?):

a) ¿La teoría del bajo coste también ha llegado o llegará a emplearse en la calidad del producto? En caso afirmativo, todo se resumiría en seguir teniendo los mismos beneficios o incluso más (si ahora sus ganancias fuesen más altas, tendríamos que aceptar que de nuevo han conseguido simple y literalmente que les ofrezcamos una bajada de pantalones general). En consecuencia, ¿hace alguien el favor de gritarme ¡pardillo!?

b) Y por último la pregunta decisiva: si esto es tan efectivo, ¿por qué no lo han hecho antes? ¿Acaso durante la “no-crisis” los precios estaban inflados simplemente porque los consumidores somos tontos? Pues para esta última sí tengo la respuesta, pues pueden ustedes observar que con esta entrada he creado una nueva etiqueta.

ivalladt - laughing bush (Flickr)

¡Aaaargh! ¡Dios, otra vez! Vade retro, Satana!

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