Exito y dinero

Leo unas declaraciones de Esther Cañadas en el Magazine de El Mundo de hoy: “Éxito y dinero no me han hecho feliz”. Son las palabras de una modelo famosa que llegó a ocupar portadas de revistas de modas y de cotilleos, por lo que habrá sido tan valorada como denostada. El periodista aclara en la introducción a la entrevista que la modelo “vuelve con la cabeza y el corazón en su sitio”, dando a entender que después de sus fracasos sentimentales y tras perder el trono de la moda, la señora Cañadas se ha replanteado sus preferencias.

Never Quite Enough - Esther Canadas (Flickr)

Por desgracia, los comunes mortales no podemos llegar a proclamar lo que ella, porque en rara ocasión conseguimos éxito y dinero, es decir, no tenemos la suerte de llegar a excusarnos por no haber sabido usar óptimamente lo que la fortuna nos regale de bueno. Así que si la intención de la modelo con tales declaraciones es acercarse al individuo de la calle para decirle “no te apenes porque no tengas nada, que incluso yo no he sido feliz al tenerlo todo” y de ese modo hacerse más terrenal, pero aún y siempre en su condición de diosa, se equivoca, porque al menos lo ha disfrutado. Y entonces es el peatón, el anónimo ,quien podrá afearle que teniéndolo todo no lo haya sabido utilizar bien.

Pues, básicamente, Esther yerra porque parece que no ha aprendido que éxito y dinero no son lo que hacen feliz a uno, sino la forma en la que se usan ambos dones. ¿Cuántas personas de éxito y adineradas existen en este mundo cuyos nombres y existencias desconocemos? Es cierto que, para algunos, la fama es a la vez origen y efecto de todo lo que tienen, es decir, que no pueden pasar como personas anónimas, pero ¿cuántos famosos hay que logran o al menos luchan para que la fama no les alcance también a su ámbito privado, para conseguir que lo laboral y lo personal en sus vidas forme una perfecta dicotomía?

Darco TT - ¡que la suerte nos acompañe! (Flickr)

Para unos la suerte y las circunstancias y para otros un ser superior, son los causantes de que cada uno de nosotros se maneje en la vida tal y como lo hace, de que vengamos a nacer con unos dones y unas capacidades, y esto conduce indefectiblemente a tener que saber utilizar bien lo que uno tiene (belleza, inteligencia, ingenio, cuna) para sacar el máximo partido: importa tanto lo que uno es y recibe como el modo en que se usa. Ahí sí reside el logro de la felicidad: en sacar todo el provecho posible de lo que se tiene y no sólo en aspirar a tener más.

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