Tierra

¿Quién es su dueño? Pregunto por ella en mayúsculas y en minúsculas, por la Tierra y por la tierra. Aunque, quizá, pueda ser más interesante cuestionarse quién se la beneficia, pues su propietario, con eso de vivir de la renta, está en Babia y no se entera de nada.

En cuanto al planeta, parece ser que tanto propietarios como usufructuarios somos, así de simple, quienes vivimos sobre él, desde un protozoo al Papa de Roma. En cuanto a quién es más perjudicial está de más decir que el hombre, y que cuanto mayor dinero y poder maneje éste, más pernicioso resulta.

aussiegall - Its Future is in our Hands. Live Earth (flickr)

En cambio, si entramos en el terreno de la otra tierra (valga la redundancia), ya tenemos que sacar manuales de historia  y de economía, rebuscar entre escrituras, donaciones, compra-ventas, cesiones,… y terminar sepultados por toneladas de papeleo burocrático y judicial que nos llevarían desde la Carta Puebla concedida por Sancho IV el Bravo a la ciudad de Tarifa en 1295, pasando por el documento de compra-venta de Nueva Amsterdam (posteriormente Nueva York) en el siglo XVII entre la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales y una tribu de indios norteamericanos nómadas (cuya concepción de la propiedad, obviamente, no era la actual), hasta los legajos que siguen aumentando en la Fiscalía Anticorrupción sobre el caso Malaya marbellí y alrededores, por poner sólo tres ejemplos.

Van Gogh - La méridienne (Musée d'Orsay)

En nuestros días, ¿quién recuerda el lema zapatista “La tierra es de quien la trabaja”? El concepto de propiedad ya no se basa en el contacto y trabajo diario con la tierra, pues, para el común de los mortales, para aquél que no puede reclamar como propio ni el medio metro cuadrado que holla, ya viva en Escondido, en Tarifa o en Tenri, la propiedad de la tierra se relaciona más con la habitualidad de vivir en un lugar concreto, es decir, con el uso diario que hacemos de los edificios, las calles y las vías de comunicación que conforman nuestro barrio, pueblo o ciudad. Por lo que, aún no siendo nada de esto directamente nuestro, lo sentimos así y, tal vez por eso precisamente y por desgracia, algunos se creen en el derecho de su mal uso o de su abuso (ensuciando, destrozando…), no obstante, por fortuna, la mayoría parece cuidar su “territorio”, aunque sea simplemente por egoísmo, por no vivir rodeados de mierda y fealdad; también por civismo.

Aquellos que vivimos en una localidad costera, de economía eminentemente turística, nos vemos invadidos por las hordas de veraneantes que escapan de las multitudes, de los agobios de su lugar de origen y nos lo traen a nosotros. En estos días de asueto para la mayoría debemos soportar que ocupen las aceras, los bares, los aparcamientos, la playa, y que se comporten entre nosotros tal y como son, o aún peor, porque a fin de cuentas lo que usan y ensucian no les pertenece como a los lugareños. Pero hay que apechugar con todo, que de ello vive mucha gente y conformarse con pensar que pronto pasará el verano y que llegarán septiembre y octubre que, con lo del cambio climático, parecen el mes de julio pero con más quietud y no sólo porque los turistas se hayan ido:

Bronce en Octubre
Javier Antón - Bronce en Octubre

2 Comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s