Tiernos y cabrones

Usted y yo, como seres humanos que fuimos paridos, somos capaces de todo. Habitualmente vivimos en la mediocridad, subsistiendo con la rutina que hemos escogido, o en la mayoría de los casos, que nos ha tocado. Pero es cierto: tal vez sin venir a cuento, un buen día, en un momento cualquiera, actuamos fuera de nuestras propias fronteras y podemos conseguir cualquier cosa.

En un corazón humano, de pronto, tiene cabida todo el amor del mundo y se nos saltan las lágrimas porque no sabemos cómo compartir todo eso que parece querer explotar en nuestro interior. Pero igualmente, con inmediatez y sin remordimientos, alcanzamos el grado opuesto. Nada nos detiene cuando recelamos, envidiamos y odiamos. Cualquier persona “normal” pasa de ser un buen vecino, hijo o trabajador a un asesino que actúa sin comedimiento, a sangre fría.

¿Recuerda usted aquellos cayucos arribando a las playas canarias, donde exhaustos y acobardados náufragos subsaharianos son ayudados por blancos semidesnudos que se tuestan buscando un color de piel más oscuro al propio (pero sin llegar a los límites del de los recién llegados, ojo, no nos vayan a confundir)? ¿Quién, en esta escena, no está representando un papel aunque sea de modo inconsciente? (Le muestro la imagen que tomó el fotógrafo Arturo Rodríguez con la que fue galardonado con el “World Press Photo 2007” en la categoría Gente). El turista no está allí para ayudar a nadie, sino para ociar (algunos para hocicar sobre la arena), de hecho, por eso se desnuda y hace otras cosas que habitualmente no entran en su rutina, y por eso, porque está allí para otra cosa, algunos se visten cuando se acercan a ayudar, porque la desnudez o semidesnudez en la que, al principio, contemplan aquel hecho insólito no casa con la situación. A su vez el inmigrante cree saber que está llegando a un territorio donde puede reclamar ciertos derechos que en el lugar de donde viene no los disfruta simplemente porque no existen, se relaja su tensión y ya no tiene fuerzas para luchar por su vida, confiado tal vez en los veraneantes, que le prestan ropa, comida, abrigo y cariño, y se deja consolar por quien sea, mismamente por el guardia civil del servicio aduanero que ha venido persiguiendo al cayuco. Esa es la representación e indudablemente no faltarán cámaras de fotos y de televisión que den fe del momento, que hagan llegar a todos, a los que siguen con su rutina, esa tragedia puesta en escena en lugar tan inusual. Así, no sólo los que ayudan, los que están presentes, sino también los que contemplan todo en la distancia se enternecerán, sentirán el nudo en la garganta y las ganas de llorar, viendo cómo arriesgan sus vidas unos pobres diablos huídos del tercer mundo y viendo también cómo son acogidos y amparados por su vecino, o por usted mismo. ¡Somos todos hermanos, sí señor!

Más tarde, algunos de estos naúfragos serán expulsados y otros, por diversas razones, se quedarán aquí y empezarán a malvivir en nuestro país, primero de la beneficencia y luego de lo que les salga, y posiblemente un día, aquel turista que en tanga dio calor a los náufragos pasará delante de la manta donde el inmigrante vende música y películas piratas, y puede que le mire a la cara y sólo le pregunte a cuánto está el último de David Bisbal, o simplemente no se fije en él:

“Porque en mi rutina esto no representa ninguna novedad, que te los encuentras en cada esquina y ya no luchan por salvarse, sino por conseguir dinero con el que comer y progresar porque ansían estar como yo. Y yo por supuesto tengo otras preocupaciones más urgentes, que hay que pagar la hipoteca y conseguir un trabajo mejor (por lo menos quitarle el puesto al que está por encima de mí), que tengo que darle más tiempo a los niños que se me están escapando y el día menos pensado vuelven drogados a casa, que no se me olvide llamar a Puri para que me dé cita y me relaje con su cuerpo. ¡Ay! ¡Quien pudiera volver a tener diecisiete años y ninguna preocupación, que me iría de aquí, a cualquier lugar nuevo, a empezar de nuevo!”

2 Comments

  1. Muy buen post si señor, me he quedado de piedra, Eso de quitarle el puesto a quien esta por encima de ti no esta bien, y menos si ese puesto no lo quieres!!!!!!!Jajajajajaja

    Estoy contigo, quien tuviera otra vez 17 años joder, sin trampas, para vivir y viajar por todos los lugares, conocer gente, ayyyyyyy!!!

    Cada uno elige su destino dia a dia, pensando en un futuro inexistente sin darnos cuenta que cada dia que pasa es el futuro, sin apreciar el presente creyendo en el futuro y cuando te das cuenta, ¡ay amigo! cuando te das cuenta ya es demasiado tarde, por eso envidio a la gente con esa vision de la vida. Al final, todos buscamos la facil en esta vida que lo que manda es el aparentar.

    Muy bueno Señor Don Javier.

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