Tora Tora Tora – Nieve, aburrimiento y menéame (Flickr)
Cuando curioseo por la red suelo visitar meneame.net. En resumidas cuentas y para quien no lo conozca, los usuarios de esta página web mandan noticias que encuentran por internet, que se someten a votación para así conseguir apoyo suficiente que les permita aparecer publicadas en primera página. Los usuarios también pueden comentar cada una de las noticias y explicar el motivo de sus votos.
Así es como supe de una bitácora supuestamente creada por el escritor Álvaro Pombo con el fin de hacer un seguimiento del presidente Obama y de sus vicisitudes, y cuyo nombre es The first dog.
Tanto en una como en otra dejé sendos comentarios acerca de mis dudas con respecto a la supuesta autoría de la bitácora del señor Pombo, simplemente por ciertos errores gramaticales que encontré en su primera entrada. Pues bien, a través de un internauta que ha dejado un comentario en la entrada sobre Casa Felina, he sabido que el supuesto señor Pombo ha contestado mi comentario.
Rafael Robles L. - Álvaro Pombo... (Flickr)
He de agradecer una deferencia así de una persona a quien admiro como escritor, pensador, conversador y opinante. Ahora bien, no sé si a ese señor Pombo le va a merecer la pena este juego recién comenzado, porque ya le he dejado otros dos comentarios y ninguno tiene que ver con la razón por la que él ha creado su bitácora.
No, claro que no es una orden. No se me ocurriría obligar a nadie a nada desde aquí, en primer lugar porque ninguno de ustedes me haría caso y en último lugar por, exactamente, el mismo motivo.
Sólo es una pista lo que les quiero ofrecer: si han decidido tener una mascota en casa (ahora que pasaron Navidades y Reyes y ya no sería otro más de esos regalos de los que uno termina aburriéndose), evítense el engorro de tener que escoger la “marca” del animal y de soltar un buen puñado de euros, que seguro que tienen otros asuntos donde perderlos (el tiempo y el dinero), y busquen a algún animal doméstico de esos que son abandonados y maltratados por otros animales. Si quieren un perrito o un gatito: ¡ADÓPTENLO!
En la relación de enlaces que les muestro a la derecha, ya aparece la bitácora de “Casa Felina”, que se esfuerza por ayudar a este tipo de animales buscándoles hogares de acogida y dándoles alimentación y cuidados veterinarios. A través de esta asociación pueden informarse de animales que necesitan ser adoptados, como también de cómo pueden aportar ayuda o donativos:
Ayer el presidente Zapatero volvió al programa de televisión “Tengo una pregunta para usted”. No vi el programa porque no creo que ahí se llegue a anunciar alguna medida política de verdadero calado, ni por el presidente, ni por el jefe de la oposición, ni por ningún político de profesión, en tanto en cuanto estas personas están, bajo el sistema que tenemos, más obligadas a su partido que a los ciudadanos. Creo que el interés que tiene este programa es el morbo de ver al político de turno atrapado por alguna pregunta que le ponga en evidencia o ante un interlocutor de ideas claramente opuestas. Sí es cierto que hay que elogiar, en el caso de Zapatero, que vaya a enfrentarse a ciudadanos comunes frente a las pantallas de toda España con la que está cayendo y con lo abandonados y perdidos que nos sentimos todos.
Click s - congreso diputados 03 (Flickr)
Si yo hubiera podido asistir al programa como interrogador, más que una pregunta le hubiese lanzado al presidente una proposición. Habida cuenta de que con la crisis las empresas, al ver recortados sus beneficios, intentan reducir gastos con la solución más simple, que es despedir empleados y recortar en nóminas, pues recortemos gastos los ciudadanos (como empresarios o socios capitalistas que somos del Estado) y mediante un ERE, al menos temporal, mandemos a su casa a esos diputados (como empleados de los ciudadanos que son) que sobran en el congreso, a esos de extremay obligada fidelidad al partido, a esos que en ocasiones se creen exonerados de acudir a su lugar de trabajo: recuerden esas ocasiones en las que se han perdido votaciones porque faltaban algunos señores diputados. No vamos a sentir mucho su falta, ¿no les parece?
Utilicemos entonces ese dinero para algo urgente (no, no para las entidades financieras que estén de mala racha, ¿eso era todo, G-20?) sino para aquellos que siguen sin poder comer bien todos los días o que de repente se ven en mala situación económica por culpa de la avaricia de unos pocos.
P.D.: ¡Qué dicha poder asegurar que las armas que vende nuestro país no matan a nadie!
Deseperanza fue lo primero que se me ocurrió al ver esta foto. Su autor, David Seymour, viajó por la devastada Europa de después de la Segunda Guerra Mundial con el encargo de UNICEF de documentar gráficamente el impacto de la guerra en los niños. La de la imagen se llamaba Tereska y estaba acogida en un orfanato para niños trastornados en Polonia, después de haber pasado su corta existencia en un campo de concentración. En el momento de la instantánea estaba dibujando en la pizarra su concepto de la palabra “hogar”.
No me llama la atención tanto el dibujo de la niña como su cara, pues tras unos momentos de reflexión inevitablemente uno se hunde en la pena y el terror. En otras circunstancias, sin el contexto que ya conocemos, podríamos pensar que el fotógrafo, simplemente, ha entrado de improviso en un aula normal de cualquier colegio normal y ha sorprendido a una de las alumnas en el momento de cometer una gamberrada, de levantarse sin permiso hacia la pizarra para pintar unos monigotes. Entonces la cara de la niña expresaría un poco de temor y sobre todo sorpresa, mucha sorpresa por haber sido pillada in fraganti.
Por desgracia no es eso que nos parece tan natural. En su rostro, primero, aparece la seriedad de un adulto, de alguien a quien ya no hay que explicar lo desagradable que en ocasiones es la vida, porque quizá para ella eso ha sido lo habitual y lo único conocido. Pero todo lo anterior se arrincona ante la intensidad de su mirada que lo barre todo, de unos ojos que lanzan una pregunta insondable y terrible que a su vez es toda una certeza que sabe no va a ser admitida por nadie en sus cabales.
Esos ojos que inquieren sobre la culpabilidad del observador, más que infundirle temor, transmiten ante todo deseperanza, porque en definitiva saben que no van a recibir respuesta, ya que nadie ha sido obligado a llegar tan lejos para conocer tan a fondo como ella, la que busca respuestas.
Piensen que ojos como estos siguen mirando así actualmente, ojos jóvenes que ya han contemplado lo que nunca les hubiera correspondido ver. No obstante, ojos así también se han endurecido, se han hecho más fuertes y han sabido hacer lugar en su existencias a momentos diferentes:
“Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.” (p. 23).
“Tal vez toda esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir.” (p. 32).
“Nuestros hábitos suponen una manera de suceder las cosas, una vaga coherencia del mundo.” (p. 72).
Un día nos da por repasar fotos antiguas, aquellas en que algunos protagonistas ya no están para acordarse del momento en el que la cámara les inmortalizó, y las sensaciones son varias y mezcladas porque no sólo se echa de menos a quien no está, pues también recordamos momentos alegres que compartimos, y al tiempo pasamos a valorar lo que ha sido nuestra vida desde que el fotografiado ya no está por aquí y, si esa persona nos fue cercana, puede que sonriamos al saber que se enorgullecería de lo que ahora somos, o que nos avergoncemos al sospechar que el rumbo que hemos seguido también abochornaría al ausente.
Ditch the Kitsch!! - absence (Flickr)
Gustavo Germano, fotógrafo argentino afincado en Barcelona, ha realizado un proyecto fotográfico titulado “Ausencias”. Tomando como partida fotos privadas donde aparecen en situaciones cotidianas víctimas de la represión de la última dictadura argentina, ha regresado a esos escenarios donde los represaliados -ante la mesa, en la playa, sentados, saltando- ya no pueden posar para repetir la misma imagen de hace treinta años:
Escuchar que otra bomba israelí ha vuelto a matar a más inocentes y ya no saber qué decir y menos qué hacer.
~ABphoto~ - blood drained (Flickr)
Comprobar que otro año más el sistema consumista ha logrado sus objetivos y hemos vuelto a gastar como obligación, a regalar como penitencia.
Comenzar un nuevo calendario y reconocer que no hemos logrado nada importante, que simplemente nos hemos dejado llevar por la corriente, la desidia y el egoísmo.
Volver a cruzarnos con el necesitado, con el pobre de la esquina, y no saber ya a qué lado mirar para no ver, u observarle como quien mira las nubes pasar.
Gabriel Robledo - Deep Blue Sky - Cielo Azul (Flickr)
Tener que volver a escuchar las mismas contradicciones, las mismas excusas que intentan explicar los mismos errores de siempre, y actuar como si les creyéramos, porque es más cómodo seguir sirviendo de apoyo al muro que se puede caer y nos aplastaría, que ejercer sobre él la presión suficiente para derribarlo de una vez y no tener miedo de contemplar el horizonte.
wagner campelo - verde (Flickr)
Rabiar, hasta echar espuma por la boca si tan grande es nuestra ira, pero sin perder muchas horas de sueño, que en menos de seis horas hay que levantarse para ir a trabajar, a realizar el mismo insulso oficio que venimos ejerciendo desde que dejamos de ser niños, porque no se puede dejar escapar ese flujo constante que permite que vivamos y que a su vez otros lo hagan gracias a lo nuestro, como también debemos fatigarnos todos y cada uno de los días para lograr llegar al entumecimiento cerebral, a un contraproducente nirvana de pobres y de ilusos que nos permitirá no reconocer aquello que vamos perdiendo minuto a minuto y que tan sólo somos capaces de envidiar cuando alguien más libre que nosotros nos lo escupe en medio de la calle, sin previo aviso pero no a traición, porque un día lo disfrutamos y después lo dejamos escapar.
Anyway the wind blows… [Frase final de la canción Bohemian Rhapsody de The Queen].
“…de un proceso de incorporación, de un acaparamiento: al mismo tiempo proyección hacia el Otro, y Robo, en el sentido prometeico del término.” (p. 71)
“…y entre ellos una pareja de chicas asiéndose por la cintura, un violinista malo, y una chica joven en una gruta escuchando a un guitarrista sentado a sus pies.” [El autor describe un cuadro de François Boucher, La fiesta campestre]
VERNET, Claude Joseph - Mar tempestuoso, 1748 (Museo Thyssen-Bornemisza)
La publicidad -el todopoderoso marketing que nos ayuda a conocer lo que es bueno y lo que nos conviene tener- ha decidido que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en la voz “colonia”, hemos de eliminar una acepción, en concreto a una del sustantivo con origen etimológico en el nombre de la ciudad de Colonia y con la que, a través de la expresión pluriverbal agua de Colonia, se quiere denotar ese líquido que sirve de perfume para oler bien o para disumular hedores, según el caso.
ido1 - Smells of the market (Flickr)
Ya no se publicitan ni venden colonias, sino perfumes, aguas (así en genérico a los cerebros de la publicidad no les debe parecer tan ordinario) o fragancias, y es que, ya se sabe, cuanto más se vende, mejor, pero cuando el producto se vulgariza el precio decae y ya no se generan tantos beneficios y hay que cambiar todo (o algo) para seguir igual pero dando la imagen de novedad y mejora con respecto a lo anterior. Así que la colonia varonil que en los setenta se vendía como churros con nombres como Agua Brava o Varón Dandy, ahora decimos que es fragancia y que se llama Escuajo de Paquito Rábano o Eau de Guanóby Yoryo Mamoni .
Y a los que han inventado esas fragancias (su sola pronunciación parece que da glamour) que no se les vaya a ocurrir vender sus productos como perfume, que vienen los perfumistas y les meten un paquete de órdago, que eso es como vender chóped diciendo que es jamón ibérico criado en dehesa de Badajoz y secado en la sierra de Huelva, que un perfume necesita una concentración de aceites esenciales mayor que los que usan las colonias (fragancias, perdón) y eso, ante todo, se traduce en un mayor costo para el perfume y por tanto una mayor calidad pues el buen olor tarda más en esfumarse a la misma proporción de sudor.