Diez deseos para el año entrante:
- Dinero a espuertas
- …
…¿Y qué gano con esto? Que le den a los deseos y al nuevo año…
Diez deseos para el año entrante:
…¿Y qué gano con esto? Que le den a los deseos y al nuevo año…
Hoy, en su página habitual de El País Semanal, Javier Marías diserta sobre el oficio de articulista y de las consecuencias que tal oficio tiene sobre sus lectores. Acertadamente opina que, en estos tiempos en los que no solamente creemos que podemos opinar de lo que sea (aún a riesgo de no saber muy bien de lo que se habla) sino que los demás tienen el deber de asentir a lo que decimos, también hemos creado el derecho de replicar a cualquiera sin el suficiente conocimiento de causa o de tomar cualquier opinión ajena para explayarnos sobre lo que nos interesa, por muy poco que tenga que ver una cosa con otra. De hecho, desde no hace mucho, no es raro escuchar a cualquiera opinar sobre lo que sea y que, para reafirmar sus palabras, se cite a si mismo con la coletilla “…como yo digo…”.
Hace dos semanas, el artículo del escritor versó sobre una oportunidad que le había surgido de utilizar un ordenador y de acceder a internet. El señor Marías no se avergüenza en reconocer su inexperiencia en lo concerniente a las nuevas tecnologías, en concreto a la telefonía móvil y al ordenador y a los usos que sacamos de la primera y del último. Muestra su aversión a tales aparatos en tanto en cuanto les encuentra, en su caso, más inconvenientes que ventajas. Pues dando esto como opinión suya, como experiencia propia lógicamente, algunos lectores se irritan e infieren que el escritor está proponiendo que nadie use esa tecnología.
Este es uno de los ejemplos que usa en el artículo de hoy, pero también nos habla de los ataque airados que ha recibido cuando ha hablado sobre las fosas de la Guerra Civil, o sobre la placa de Sor Maravillas o sobre la cúpula de Barceló.
En la prensa no es difícil encontrar a quien utiliza el espacio donde escribe para pontificar; sin embargo, por fortuna, también existen articulistas que intentan exponer sus ideas razonadas de buena manera. La suerte, entonces, debe estar de parte del lector para que éste vaya encontrando voces que le ayuden a pensar y a crearse su propia opinión, estando o no de acuerdo con las palabras que lee. En esto sí reside la libertad de expresión, no en el rifirrafe gratuito y sin base que lo apoye.
Así que, como el Pisuerga pasa por Valladolid, acabo de inaugurar una sección en la que, cuando me venga en gana, voy a tomar un artículo o alguna obra de Marías para tener de qué hablar. ¡Bendita digresión!
Mañana día 27 Joan Manuel Serrat cumplirá 65 años. Felicidades.
Cuando llegó a los cuarenta sacó un disco al que tituló Fa vint anys que tinc vint anys: en español “Hace veinte años que tengo veinte años”. En el disco Serrat sinfónico de 2003, podemos escuchar Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys, es decir, “Hace veinte años que digo que hace veinte años que tengo veinte años”. Evidentemente, en esta segunda ocasión hace ironía con los sesenta años que cumple citándose con una sentencia semejante a la anterior.
Como los fans del cantante habrán observado ya, no he mencionado que todo se origina gracias a una canción titulada Ara que tinc vint anys y que aparece en su primer disco de larga duración de igual título. De un vistazo se comprueba cómo, con veinte años, Serrat encontró una frase brillante que utilizó como título de canción, y cuyo sentido lucirá en su futuro que es ahora nuestro pasado. En su presente de 1966 afirmaba “Ahora que tengo veinte años”; con cuarenta reivindica que todavía es joven y se reafirma en sus principios: “…que tengo veinte años”, oiga, que todavía los tengo (y para siempre los tendrá, más todos los que vaya cumpliendo, hasta el día en que se acabe su tiempo). Con sesenta sigue con su tradición y vuelve a utilizar el dígito 20, esta vez multiplicado por tres y con ánimo burlón sin duda.
Y ya no recuerdo a cuento de qué venía hablar de esto. Lo siento.
-Sí, que el dinero no compra la felicidad.
-Sí y también que ayuda a conseguirla.
Lo que sí compra el dinero y tiene más importancia que la felicidad es el tiempo, el tiempo de cada uno, el largo o corto tiempo que nos toque vivir. Si tengo la obligación (otros ahora le llaman suerte) de gastar cuarenta horas semanales de mi vida en el trabajo que me tocó o que supe encontrar, porque no he tenido la dicha de nacer entre muselinas y sedas ni de ser arropado desde siempre con riquezas y herencias de todo tipo, pues a ello me tengo que atener.
Esta entrada viene a colación de un anuncio en El País Semanal, de esos que aparecen en la publicación y más a estas alturas con lo que se acerca. Aparece un reloj de lujo asociado a un coche muy caro también, lujosísimo y legendario, un Bentley, así si al lector no le suena la marca del reloj, sí le sonara la del vehículo y podrá asociarlos rápidamente a la calidad máxima y a un precio altísimo.
Lo que de verdad me interesa de esta publicidad es el eslogan que lo encabeza. Dice así: “The greatest luxury in life is time. Savour every second”, y en español “El lujo más grande de la vida es el tiempo. Saboree cada segundo”. Y aquí está el quid de la cuestión porque ¿cuál es el precio de lo irrecuperable? Ni un escuálido sueldo ni el precio de lo más lujoso.
Tristeza aparte, quedémonos con la última gota que colma el perfil del personaje más nefasto que hemos tenido por aquí últimamente:
¿A que durante los días que se nos avecinan se van a hartar ustedes de tanto cordero, pavo, jamón, gamba, salmón, voraz y demás comidas deliciosas e indigestas?
Desde aquí les proponemos que se den respiros gastronómicos con otro tipo de alimentos más ligeros y tan sabrosos o más que los anteriores. Para ayudarles, se publica el libro de Mariluz Muñoz Cocina tradicional del Campo de Gibraltar, que se presentará oficialmente el próximo día 17 en el edificio Kursaal de Algeciras.

Quedan, pues, ustedes invitados a la presentación, a conseguir el libro y a cocinar y comer de otra forma que siempre ha sido nuestra.
A quien pudiere interesar:
En relación con la entrada de ayer, Tozudez, aquí tienen ustedes la actual campaña que está difundiendo la Fundación:
4º Cibermaratón, CONTRA LA POBREZA AHORA CUENTAS TU
Me gusta esta palabra.
Fonéticamente está contundentemente blindada iniciando la secuencia con la oclusiva, pasando por la fricativa y una sonora que conduce de nuevo a otra fricativa. Las vocales igualmente redondean el sonido: la o media y posterior obliga a subir la lengua, que seguirá hacia el paladar para producir la vocal alta, la u, y de nuevo bajará para articular la e, otra media pero anterior, aguda frente a las anteriores graves.
Sin embargo, la utilizamos con un significado negativo, léase metro de Sevilla, es decir, los 40 años o más que llevan ideando e intentando tener ese tipo de transporte urbano en esa ciudad, con sus socavones, paralizaciones, nuevos trazados y hundimientos de kioscos.
Otro ejemplo de tozudez “negativa”, la de la “famiglia” Pinochet, del fallecido dictador y de su viuda, aunque bien mirado no es tozudez sino sinvergonzonería:
Tozudeces positivas las hay, por fortuna. Sólo quiero indicarles una y aprovecho, con ello, para rogarles que, aunque la crisis apriete, por favor no dejen de pensar en aquellos que lo llevan pasando mal desde antes de que surgiera la dichosa crisis, en esas personas que ahora ven redobladas sus dificultades y, si antes ayudaban ustedes de alguna manera a alguna ONG o destinaban parte de su dinero a paliar algunas carencias ajenas, que no lo dejen de hacer, que si los gobiernos de este mundo sólo son capaces de reunirse para ayudar a los poderosos cuando estos están de bajón, somos los ciudadanos comunes quienes no debemos olvidar a los que están peor que nosotros, ya que nadie lo hace. Hay muchas organizaciones que hacen mucho, pero yo quiero destacar la de Vicente Ferrer en la India:

En el siguiente enlace de su página web pueden ver el espacio que hace unos años el programa Informe Semanal dedicó a este hombre y a su fundación:
http://www.fundacionvicenteferrer.org/esp/home.php?s=50&v=11
Termino deseándoles a todos ustedes unas felices fiestas (ea, ya está, no pasa nada por felicitar y así no se me olvida) y una feliz búsqueda y localización de gangas para que estos días los pasen con el mismo afán consumista aunque algo menos derrochador, que el asunto no da para más.
Escucho por la radio la nueva estrategia de grandes diseñadores y de grandes cadenas de producción para aguantar esta crisis. Van a aplicar el bajo coste o bajo costo -o low cost como dicen los que saben, que yo ni pajolera- a sus industrias, como esas compañías aéreas que no le dan a usted de comer gratis pero cuyo billete es de menor precio (o eso nos hacen creer).
Como ejemplo han puesto a Ikea, cuyos ingenieros han diseñado una taza con el asa de otra forma a la acostumbrada o más pequeña, de modo que se pueda seguir utilizando a la vez que durante el transporte se apilen más en el contenedor de mercancías y así ahorrar dinero. Piensen que les debe salir por un pico traer las tazas desde el sudeste asiático, que allí mandaron hace tiempo fabricar sus productos…, por lo del low cost, ya saben: al trabajador asiático, por el salario del occidental que compra la taza, lo tiene usted trabajando veinte veces más y sin acordarse de vacaciones ni de sindicatos, ni de costes, sean éstos altos o bajos. Así que si la taza costaba antes dos euros del vellón, ahora se la puede usted llevar por uno y medio. Como los analistas suponen que por la crisis, supuesta o real, los consumidores amedrentados frenamos nuestras ansias derrochadoras, el simple hecho de comprobar que los precios bajan nos va a decidir a seguir comprando. Sólo nos queda saber si el low cost se va a aplicar también al salario del pobre fabricante de la taza, ya que en caso afirmativo comprenderemos mejor la medida. ¡Pobre asiático manufacturero -que no matutero- de productos para Occidente, que va a ver menguada su ración de arroz!
Irremediablemente empiezan a surgirme dudas (¿por qué no soy capaz de desconectar y así vivir más tranquilito y menos cabreado?):
a) ¿La teoría del bajo coste también ha llegado o llegará a emplearse en la calidad del producto? En caso afirmativo, todo se resumiría en seguir teniendo los mismos beneficios o incluso más (si ahora sus ganancias fuesen más altas, tendríamos que aceptar que de nuevo han conseguido simple y literalmente que les ofrezcamos una bajada de pantalones general). En consecuencia, ¿hace alguien el favor de gritarme ¡pardillo!?
b) Y por último la pregunta decisiva: si esto es tan efectivo, ¿por qué no lo han hecho antes? ¿Acaso durante la “no-crisis” los precios estaban inflados simplemente porque los consumidores somos tontos? Pues para esta última sí tengo la respuesta, pues pueden ustedes observar que con esta entrada he creado una nueva etiqueta.
¡Aaaargh! ¡Dios, otra vez! Vade retro, Satana!
“…y del daño causado se sentía sólo en parte responsable, pero del todo culpable.” (p. 42)
“Había algo en él que otorgaba confianza. La misma que otorga un caballo o un árbol o un diamante, o cualquier cosa que no duda de su condición.” (p. 115)
“…la idea de otra vida se instaló en su cabeza como una tormenta posada sobre una playa. La arena le había entrado entonces en los ojos, y nublaba ya la visión de todas y cada una de las cosas.” (p. 135)
“…con esa arrogancia que le había llevado hasta el borde de esta absurda piscina vacía que era su vida.” (p. 139)
P.D.: Ayer se me olvidó mencionar que también era el Día Internacional del Euskera (lo acabo de descubrir en jordirengunea.blog.com.es/). No he conseguido saber si hoy se conmemoraba o condenaba algo. Sobre mañana ya hablaremos.
Tal y como decíamos ayer, diciembre es mes de celebraciones y de condenas. Hoy toca una llamada de atención hacia las personas que padecen discapacidad (hay que tener mucho cuidado con los términos que se usan porque algunos adjetivos pueden resultar políticamente incorrectos), hacia los problemas con que se encuentran en su día a día porque no logramos adaptar la sociedad a sus necesidades, hacia el modo en el que la sociedad se relaciona con ellos, ya que no hay que caer en la discriminación y tampoco en la sensiblería.
También se celebra hoy el día de Navarra (¿harán fiesta aquellos que abogan por la independencia de Euskal Herría?) y el día de San Francisco Javier que es el patrón de esa comunidad autónoma.
Así que hoy he recibido unos regalitos de Angela: uno cultural, el libro Crematorio de Rafael Chirbes, Premio Nacional de la Crítica 2007, y el otro saludable, una cita para mañana con el dentista: a esto se le llama regalito-tortura.
Algo me quita las ganas de seguir escribiendo. Termino con un recuerdo para el señor Ignacio Uría Mendizábal y con una condena hacia los cabrones que le han asesinado: